—¿Juega usted al fútbol, cadete Biegler?

El capitán Sagner se acercó al cadete Biegler y después de leer todo esto le preguntó por qué lo había escrito y qué significaba. El cadete Biegler contestó con sincero entusiasmo que cada uno de estos títulos significaba un libro que escribiría. Tantos títulos, tantos libros.
—Me gustaría que si caigo en la lucha quedara un recuerdo mío, mi capitán. Mi ejemplo es el profesor de alemán Udo Kraft. Nació en 1870, se alistó voluntario en la guerra y cayó en Anloy el 22 de agosto. Antes de morir publicó un libro: «Autoeducación para morir por el emperador».
El capitán Sagner condujo al cadete Biegler a la ventana.
—Enséñeme que más tiene, cadete Biegler. Su actividad me interesa sobremanera —dijo con ironía—. ¿Qué es ese cuadernillo que lleva escondido en la camisa?
—No es nada, mi capitán —contestó el cadete Biegler ruborizándose como un niño—. ¿Quiere convencerse?
El cuadernillo llevaba el título:
Esquema de las batallas más notables y famosas de los guerreros del ejército austrohúngaro basado en los estudios históricos recopilados por el real e imperial oficial Adolf Biegler. Notas y aclaraciones del real e imperial oficial Biegler.
Estos esquemas eran extraordinariamente sencillos. De la batalla de Nórdlingen del 6 de septiembre de 1634 se pasaba a la de Zenta de 11 de septiembre de 1697, a la de Caldiera el 31 de octubre de 1805, a la de Aspern el 22 de mayo de 1809 y a la popular batalla de Leipzig del año 1813, la de Santa Lucía en mayo en 1848 y la de Trautenau el 27 de junio de 1866 hasta la conquista de Sarajevo el 19 de agosto de 1878.
Los esquemas y esbozos de los planos de cada una de estas batallas eran todos iguales. El cadete Biegler había dibujado en todas unos rectángulos abiertos por un lado. Los rectángulos cerrados representaban al enemigo. En los dos lados había un ala izquierda, un centro y un ala derecha. Por detrás corrían las reservas y los caballos. Tanto la batalla de Nórdlingen como la de Sarajevo se asemejaban a los jugadores colocados al empezar un partido de fútbol y las flechas parecían indicar el lugar al que un equipo y otro tenía que enviar la pelota.
—¿Juega usted al fútbol, cadete Biegler?
Biegler se ruborizó aún más y pestañeó nerviosamente de tal forma que dio la impresión de que estaba haciendo un gran esfuerzo por contener las lágrimas.
El capitán Sagner sonrió y siguió hojeando el cuadernillo. Al llegar al esquema de la batalla de Trautenau durante la guerra austro–prusiana se detuvo. El cadete Biegler había escrito: «La batalla de Trautenau no hubiera debido ser librada pues la zona montañosa impedía el avance de las divisiones del general Mazzucheli, que se veían amenazadas por las columnas prusianas. Éstas se encontraban en las alturas que rodeaban el ala izquierda de las divisiones austríacas».
—Usted opina que la batalla de Trautenau sólo hubiera debido librarse si Trautenau hubiera estado en una llanura —dijo sonriendo el capitán Sagner mientras devolvía el cuadernillo al cadete Biegler—. Cadete Biegler es muy hermoso por su parte que durante su breve permanencia en las filas del ejército se esfuerce por penetrar en el campo de la estrategia. Sólo sucede que su caso es como el de los muchachos que juegan a soldados y se dan el título de general. Se ha hecho ascender rápidamente. ¡Qué felicidad, real e imperial oficial Adolf Biegler! Antes de llegar a Pest será usted mariscal de campo. Hace dos días todavía pesaba pieles de vaca en su casa, real e imperial oficial Adolf Biegler. ¡Pero hombre, si no es ningún oficial! Usted es cadete. Está entre alférez y suboficial. Está tan lejos de ser oficial como el cabo que en el restaurante se hace llamar sargento de la plana mayor.
—Oye, Lukasch —dijo dirigiéndose al teniente—, el cadete Biegler está en tu compañía de manera que adiéstralo. Se firma oficial. ¡Qué se lo gane en el combate! Cuando realicemos un ataque a fuego de tambor él cortará las alambradas con su pelotón, el buen mozo. A propósito, recuerdos de Zykan. Es comandante de la estación de Raab.
El cadete Biegler vio que su conversación había terminado, saludó y colorado como un tomate se fue al final del vagón, abrió la puerta del retrete como si estuviera sonámbulo y mientras leía el cartel escrito en alemán y en húngaro «sólo se permite utilizar el retrete mientras el tren esté en marcha» empezó a lloriquear. Luego dejó caer los pantalones y secándose las lágrimas apretó. Después utilizó el cuadernito que llevaba el título «Esquema de las batallas más notables y famosas de los guerreros del ejército austrohúngaro basado en los estudios históricos recopilados por el real e imperial oficial Adolf Biegler», el cual desapareció con gran deshonra por el agujero, cayó en la vía y fue dando vueltas bajo el veloz tren militar.
En el lavabo el cadete Biegler se lavó sus enrojecidos ojos y salió al pasillo con el propósito de ser fuerte, tremendamente fuerte. Desde la mañana le dolían ya la cabeza y el vientre.

Jaroslav Hasek
Las aventuras del valeroso soldado Schwejk


Las aventuras del valeroso soldado Schwejk es, tal vez, la obra de la literatura checa más conocida fuera del país, ya que al poco de ser publicada se tradujo a varios idiomas y fue objeto de adaptaciones teatrales y cinematográficas. Constituye una sátira mordaz y divertida contra lo absurdo de las guerras. Su protagonista, Schwejk, con astuto desamparo y ladina sandez, libra su guerra privada contra la maquinaria militar como un Sancho Panza de la Primera Guerra Mundial, y empleando la estupidez como refinamiento se transforma en un estratega capaz de desarmar a quien sea. En una serie de divertidos episodios y en el trato con sus múltiples y siempre limitados superiores, Schwejk cumple su deber de obediencia de tal manera que todas las órdenes llevan al absurdo y deja en ridículo a las autoridades reconocidas.

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