Siguiendo la hilera de los chopos
Era ayer cuando, tú, estabas
junto a la roca, un lugar a la derecha de la carretera cuando ibas hacia las
afueras siguiendo la hilera de los chopos; falda breve, vestido de pobreza que
no tiene para cambiar guardarropía de temporada (cualquiera que), falda limpia,
inmaculada (tú, sí) como la blusa que apenas insinúa lo que el hambre no llena;
sin embargo, lo que veía era cerca, lejos, dentro, y obediencia ciega, y sumisión,
y los milagros de convertir el tocino rancio con garbanzos, henchidos de sabor
y grasas, amables al paladar y al hambre, en un manjar. Era ella, sueño de
todos los dioses, inalcanzable como el suave viento en una tarde de verano. Tú,
doncella sacrificial, más limpia que tu falda y tu blusa, más limpia que tu
alma limpia. Tú misma, madre tierra y llama.
Isabel.
El cura de pueblo, ignorante y malévolo, entre hileras de chopos, paseaba, paseaba y pasaba. (MMV. Recuerdos vanos, 2017)
El cura de pueblo, ignorante y malévolo, entre hileras de chopos, paseaba, paseaba y pasaba. (MMV. Recuerdos vanos, 2017)
Otros me llaman simplemente imbécil.
Unos
dicen que soy un hombre sabio y me llamaban rabí o raboni, que en su
lengua significa «maestro». Otros me llaman simplemente imbécil.
—¿Y tú? —le pregunté—, ¿qué
piensas?
—Yo —dijo Jesús— pienso que
eres un hombre justo.
—En esto te equivocas. Yo no
creo en la justicia. La justicia es un concepto platónico. No sé si me
entiendes: una idea, nada más. Por otra parte, aunque no oculto mi inclinación
por la filosofía, sólo soy un estudioso de las leyes de la Naturaleza, lo que
Aristóteles denomina con propiedad un fisiólogo. Y si algo he aprendido es
esto: que la Naturaleza no es justa ni la justicia es parte del orden natural.
En el orden natural, al que pertenecemos todos, el animal más fuerte se come al
más débil. Por ejemplo, un león, si tiene hambre, se come un ciervo o un avestruz,
y nadie se lo reprocha. Luego, al envejecer, el león pierde sus fuerzas y los
ciervos o las avestruces se lo podrían comer si quisieran. De este modo
restablecerían la justicia, pero ¿acaso lo hacen?
—No —dijo Jesús—, porque son
herbívoros.
—Pues ahí lo tienes. No hay
justicia en el orden natural. Ni en el sobrenatural. También los dioses se
comen los unos a los otros. No con frecuencia, bien es verdad. Que yo sepa,
sólo Saturno se come o se comió a sus hijos. Pero ya ves que ni siquiera los
dioses se libran de la desigualdad. Claro que vosotros no creéis en los dioses.
Pero lo del león vale igual para creyentes y no creyentes. ¿Lo has entendido?
—No, raboni.
—No importa. Ya lo entenderás.
Y no me llames raboni.
De Eduardo Mendoza en “El asombroso viaje de Pomponio Flato”
Por si el Trump(eta) (Un haiku de Mario Benedetti)
por si las moscas
hay profetas que callan
su profecía
hay profetas que callan
su profecía
Nunca fuera caballero de damas tan bien servido
(Nunca fuera caballero / de damas tan bien servido, / como fuera
Lanzarote / cuando de Bretaña vino". Con un claro tono sarcástico, la
frase que componen los dos primeros versos figura en boca de Sancho, de
Montesinos en la cueva y, sobre todo, la pronuncia Don Quijote en la
venta, cuando va a ser armado caballero. El argumento de esta versión
contiene la petición que hace la dama (la reina Ginebra) para que
Lanzarote realice una difícil empresa. ELFIDIO ALONSO)
Nunca fuera
caballero de damas tan bien servido
como fuera Lanzarote cuando
de Bretaña vino:
doncellas curaban d’él y dueñas de su rocino,
esa dueña Quintañona, ésa le escanciaba el vino,
la linda reina
Ginebra se lo acostaba consigo.
Estando al mejor sabor, que sueño no había dormido,
la reina toda
turbada movido le ha un partido:
—Lanzarote, Lanzarote, si antes fuérades venido
no dijera el
Orgulloso las palabras que había
dicho:
que mataría al rey Artús y
aun a todos sus sobrinos
y a pesar de vos,
señor, él dormiría conmigo.—
Lanzarote que lo oyó gran pesar ha recebido,
lleno de muy gran
enojo sus armas había pedido;
armóse de todas ellas, de la reina se ha partido,
va a buscar al
Orgulloso, hallólo bajo de un pino.
Combátense de las lanzas, a las hachas han venido;
de la sangre que
les corre todo el campo está teñido.
Ya desmaya el Orgulloso, ya cae en tierra tendido,
cortado le ha la
cabeza sin hacer ningún partido.
Tornóse para la reina de quien fue bien recebido.
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