Almendro (5) - ITIMAD LA ROMAIQUÍA

ITIMAD LA ROMAIQUÍA
Seguimos en la península ibérica, pero nos vamos a los años finales del siglo XI en el reino musulmán de la taifa de Sevilla para conocer la leyenda del amor entre el rey Muhammad ibn ‘Abbad Al-Mu’tamid, en adelante Al-Mu’tamid, y la esclava Itimad. Su relación simboliza el triunfo del amor por encima de los intereses y la política de Estado de la sociedad medieval. Gracias a su belleza y sus virtudes como poetisa, Itimad conquistó el amor del rey y ascendió socialmente de las clases más bajas hasta convertirse en la mujer más importante de la corte sevillana. Sus orígenes humildes no fueron un obstáculo para adquirir la condición de reina. Itimad fue una reina virtuosa y caprichosa a la vez, sus extravagantes deseos pusieron a prueba el amor de Al-Mu’tamid y demostraron la influencia que ejercía sobre su esposo.
Al-Mu’tamid, tercer rey de la taifa de Sevilla entre 1069 y 1091, salía todas las tardes a pasear por las orillas del río Guadalquivir. Un día tomó el camino cerca del puente que unía la ciudad de Sevilla con Triana acompañado de su amigo y consejero Abenamar. La poesía era uno de los placeres del rey, al que le gustaba improvisar poemas observando a su alrededor, y en el apacible paseo Al-Mu’tamid se fijó en el brillo del agua al reflejar los rayos del sol que simulaban una cota de malla trenzada con hilos de oro.
La ribera del Guadalquivir despertó la inspiración de Al-Mu’tamid, que recitó unos versos («la brisa convierte al río en una cota de malla…») esperando que Abenamar encontrara la rima oportuna. Pero su compañero no era un buen improvisador y se quedó pensativo. Entonces a sus espaldas sonaron unas dulces palabras que decían: «mejor cota no se halla como la congele el río». La sorpresa invadió a los dos hombres al descubrir que quien había completado la estrofa con tan fina inspiración era una joven de gran belleza que se encontraba tras ellos.
La misteriosa muchacha de nombre Itimad resultó ser una esclava propiedad del mercader Romaicq, por ello la llamaban la Romaiquía. El rey pidió al mercader que se la vendiese, pero este se la regaló gustosamente, pues se pasaba el día recitando versos y trabajaba poco. Al-Mu’tamid sorprendió a todos los cortesanos al casarse con Itimad por amor a los pocos días, convirtiéndola en reina de Sevilla. Su presencia aumentó el talento literario en la corte de Sevilla y sus orígenes humildes se veían compensados por su ingenio y buena conversación.
La vida de palacio incomodaba a Itimad, que añoraba sus primeros años en Triana y la libertad de poder moverse por los campos y los barrios de la ciudad sin la atenta mirada de los cortesanos. La reina se volvió caprichosa pidiendo deseos desmesurados a su esposo, que siempre intentaba complacerlos por amor. En cierta ocasión, Al-Mu’tamid la encontró llorando desconsoladamente y le prometió que haría cualquier cosa para devolverle la sonrisa. Itimad pidió al rey poder pisar el barro para hacer ladrillos como hacía en Triana antes de ir a palacio. Para satisfacer sus deseos se cubrió el patio del Alcázar de una capa de lodo perfumado con los mejores olores de las especierías del reino: canela, jengibre, azúcar y agua de rosas.
La excentricidad de Itimad cada vez era mayor y pasado algún tiempo pidió a Al-Mu’tamid poder tener territorios en los que hubiera nieve en invierno al igual que el resto de reinas de la península ibérica. El rey sabía que esto era imposible de conseguir, pero una mañana al despertarse Itimad abrió la puerta del balcón de su alcoba y vio asombrada que todo el campo estaba nevado. Por amor Al-Mu’tamid había ordenado traer cientos de almendros en flor y durante la noche 10.000 hombres plantaron cien árboles cada uno. Los almendros floridos vistos desde las ventanas del palacio creaban la sensación de un monte blanco tal que si la nieve hubiera caído sobre los alrededores de la ciudad.
Los placeres y la voluptuosidad de los gustos de Itimad llegaron a su fin en 1091, cuando los almorávides dirigidos por el emir Yusuf de Marruecos se apoderaron de Sevilla. Al-Mu’tamid y su familia fueron encadenados y trasladados al norte de África. Ibn Al-Labbana, poeta árabe de la taifa de Denia, describe a principios del siglo XII los hechos en lo que será su composición poética más conocida:
Vencidos tras valiente resistencia fueron empujados hacia un navío que estaba anclado en el Guadalquivir. La multitud se apiñaba a orillas del río, las mujeres se habían quitado los velos y se arañaban el rostro en señal de dolor. En el momento de la despedida cuántos gritos, cuántas lágrimas. ¿Qué nos queda ya?.
Itimad y sus hijas fueron liberadas y vivieron miserablemente hilando y tejiendo para poder comer hasta su muerte en el año 1095. Al-Mu’tamid no pudo soportar su cautiverio y murió en el calabozo de la cárcel de Agmat, en Marruecos, el mismo año.
Al-Mu’tamid junto con Ibn Al-Labbana y Ibn Zaydún son los poetas árabigo-andalusís más importantes del siglo XI, considerado este el siglo de oro de la poesía en Al-Andalus. La admiración por la figura del rey de la taifa de Sevilla irá más allá de su propio tiempo, como lo demuestran los versos del poeta Ibn-al-Jatib en el siglo XIV al visitar la tumba de Al-Mu’tamid:
Vengo a Agmat, y reverente miro y beso tu sepulcro. Sultán magnánimo, faro que dio clara luz al mundo. En tus rayos, si vivieras, me bañaría con júbilo, y mis poesías mejores fueran el encomio tuyo. Ora postrado de hinojos solo la tumba saludo.

David González Ruíz
Breve historia de las leyendas medievales

En esta obra se recopila la mejor selección de las leyendas medievales de las crónicas, los poemas y la tradición oral de toda Europa para relatarnos el verdadero trasfondo histórico de cada una de ellas. Así, permite conocer la historia real de aquellos hombres y mujeres que vivieron durante la Edad Media y cuyas hazañas extraordinarias los convirtieron en leyenda. Beowulf, el Cid, el rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, Gala Placidia, William Wallace, Carlomagno, Juana de Arco, Ataulfo, santa Eulalia, Daciano, el obispo Maeloc… son solo algunos de los personajes que lograron destacarse en un periodo inestable, donde los ideales, el honor y el amor movían ejércitos y sellaban destinos. Agrupando por temas precisos como héroes y villanos, reinas y doncellas, el amor y el honor, las grandes batallas, los lugares y objetos sagrados y las sociedades y las sectas secretas la obra permite conocer de cerca esa época oscura llena de sucesos tan enigmáticos como fantásticos, cuyas huellas han llegado hasta la actualidad.

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