Sobre la Calle Grande, algunas veces llueve, pero poco. No
es como cuando cae la lluvia en Pinto, Ciempozuelos, Torrejón e incluso Parla
que los paraguas chorrean de lo lindo y también te mojas (como si no lo
llevaras) por culpa del vals del paraguas que consiste en ir por calle cuando
otras gentes también deciden ir en dirección contraria y entre árboles, farolas
y torpezas varias y la estrechez de las aceras tienes que caminar subiendo,
ladeando, entrecerrando el dichoso artilugio para que puedas llegar a tu
destino totalmente empapado. Menos mal que aunque llueva mucho por el Restón,
en la Calle Grande llueve poco y eso que alguna noche he escuchado golpear las
gotas en los cristales de las ventanas, a lo mejor es que estaba dormido y
soñaba con el espíritu de los charcos. (MMV 10/2013)
Un rastro de palabras
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A los poetas les pasa como a los toreros: que se retiran, pero reaparecen.
Los aficionados se alegran. Más los lectores de Moreno (Alicante, 1964),
que co...
Hace 1 semana
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