Gentil caballero, dédesme hora un beso... (Anónimo)

Gentil caballero,
dédesme hora un beso,
siquiera por el daño
que me habéis fecho.
Venía el caballero,
venía de Sevilla,
en huerta de monjas
limones cogía,
y la prioresa
prendas le pedía:
siquiera por el daño
que me habéis fecho.

POEMAS ANÓNIMOS EN CANCIONEROS Y LIBROS DE MÚSICA

Tres libros de música en cifra para vihuela (1546)
de Alonso Mudarra



Enas verdes ervas... (cantiga de Pero Meogo)

Enas verdes ervas
vi anda’las cervas,
    meu amigo.

Enos verdes prados
vi os cervos bravos,
    meu amigo.

E con sabor d'elas
lavei mias garcetas,
    meu amigo.

E con sabor d'elos
lavei meus cabelos,
    meu amigo.

Des que los lavei,
d’ouro los liei,
    meu amigo.

Des que las lavara,
d’ouro las liara,
    meu amigo.

D’ouro los liei,
e vos asperei,
    meu amigo.

D’ouro las liara
e vos asperara,
    meu amigo.

Pero Meogo
Cantigas de amigo galaico portuguesas
(Siglos XIII-XIV)

La historia es simple: una joven espera a su amado en el campo (lugar ameno). Los ciervos macho y hembra pueden libremente aparearse. Los cabellos, en esta época, tienen una connotación sexual. (Garcetas y cabellos = guedejas y pelo)

Horizontal, sí, te quiero.

Horizontal, sí, te quiero.
Mírale la cara al cielo,
de cara. Déjate ya
de fingir un equilibrio
donde lloramos tú y yo,
Ríndete
a la gran verdad final,
a lo que has de ser conmigo,
tendida ya, paralela,
en la muerte o en el beso.
Horizontal es la noche
en el mar, gran masa trémula
sobre la tierra acostada,
vencida sobre la playa.
El estar de pie, mentira:
sólo correr o tenderse.
Y lo que tú y yo queremos
y el día —ya tan cansado
de estar con su luz, derecho—
es que nos llegue, viviendo
y con temblor de morir,
en lo más alto del beso,
ese quedarse rendidos
por el amor más ingrávido,
al peso de ser de tierra,
materia, carne de vida.
En la noche y la trasnoche,
y el amor y el trasamor,
ya cambiados
en horizontes finales,
tú y yo, de nosotros mismos.

Pedro Salinas. LA VOZ A TI DEBIDA (1933)

Pedro Salinas Serrano (Madrid, 27 de noviembre de 1891 – Boston, 4 de diciembre de 1951) fue un escritor español conocido sobre todo por su poesía y ensayos. Dentro del contexto de la Generación del 27 se le considera uno de sus mayores poetas. Sus traducciones de Proust contribuyeron al conocimiento del novelista francés en el mundo hispano-hablante. Al concluir la guerra civil española se exilió en Estados Unidos hasta su muerte.

Implicado en la creación de la Universidad Internacional de Verano de Santander (de la que sería secretario general entre 1933 y 1936), conoció en el verano de 1932 a una estudiante estadounidense, Katherine R. Whitmore, que sería luego profesora de lengua y literatura española en el Smith College (Northampton, Massachusetts), de la que se enamoró. Ella fue la destinataria de su trilogía poética La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. El romance se mantuvo, en forma epistolar, cuando Katherine regresó a Estados Unidos para proseguir sus estudios; volvió la joven para el curso académico 1934–1935, pero la mujer de Salinas descubrió la infidelidad e intentó suicidarse, por lo que Katherine decidió poner fin a la relación.

Datos extraídos de la Wikipedia



Al Sol porque salió estando con una dama y le fue forzoso dejarla (1582)

Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándome a un blanco y liso cuello,
ya esparciendo por él aquel cabello
que Amor sacó entre el oro de sus minas,
ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces mil sin merecello,
ya cogiendo de cada labio bello
purpúreas rosas sin temor de espinas,
estaba, oh claro sol invidïoso,
cuando tu luz, hiriéndome los ojos,
mató mi gloria y acabó mi suerte.
Si el cielo ya no es menos poderoso,
porque no den los tuyos más enojos,
rayos, como a tu hijo, te den muerte.


Luis de Góngora y Argote (nacido Luis de Argote y Góngora)1 (Córdoba, 11 de julio de 1561-ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida más tarde, y con simplificación perpetuada a lo largo de siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada tanto en su siglo como en los siglos posteriores en Europa y América. Como si se tratara de un clásico latino, sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma

El sacrificador de sí mismo

VEREDAS inocentes a que asoma el helecho,
la pálida flor de árgoma y el madroño encendido,
mis vías naturales, por donde hubiese ido
de poner el unísono de humildad a mi pecho.
Lejos, ante el desfile de ajenas muchedumbres
en ciudades enérgicas o a solas por los mares,
en los climas de bruma, en las tierras solares,
junto a exóticos ríos, al pie de nuevas cumbres
más de una vez, con lágrimas, interrogo al destino,
que me alueña del uso habitual de las cosas,
¡pobre de mí, dulce hábito de las manos mimosas!,
por osar rumbos, fuera del trillado camino.
Víctima y elegido de raros pensamientos
y singulares penas, hollando el rumbo al día,
pienso en las vidas quietas que hacia la dicha guía
la costumbre, lucero de parpadeos lentos.
¿A quién busco, vagando por exóticas plazas,
a sombra de las góticas flechas, del levantino
alminar y del mudo tragaluz bizantino,
ademanes que yerguen en la Historia, las razas?
Mi mocedad no oyó resonando los bronces
con las glorias antiguas, ni vio en las sombras viejas,
que de las torres caen a las nativas tejas,
rumbo a ningún destino: huí mi puerta, entonces
Pidiendo fui la lumbre al luminar ajeno,
que, como fuego fatuo, era brillante y fría;
mas la hoguera del alma sentí al fin que no ardía
sino con la centella que brota de su seno.
Llama alada del mío, la palabra de España
por los suelos, sin tumbas, en que vagó mi paso.
ardió como la luz sobre el óleo del vaso
y, lámpara de amor, se iluminó mi entraña.
Defiendo, en mi interior, contra enemigos vientos,
la llama que en mi sueño fue prendida por Roma,
y en ella, dando al aire de la Patria su aroma,
ovejas de holocausto, quemo mis pensamientos.

Las ubres luminosas 

Ramón de Basterra y Zabala (Bilbao, 14 de marzo de 1888 - Madrid, 17 de junio de 1928 /según Gerardo Diego en Poesía española contemporánea falleció en 1930/), escritor, poeta y diplomático español del Novecentismo.



Efectos son de Amor, no hay que espantarse, (verso 13)

Determinarse y luego arrepentirse,
empezarse a atrever y acobardarse,
arder el pecho y la palabra helarse,
desengañarse y luego persuadirse;
comenzar una cosa y advertirse,
querer decir su pena y no aclararse,
en medio del aliento desmayarse,
y entre temor y miedo consumirse;
en las resoluciones, detenerse,
hallada la ocasión, no aprovecharse,
y, perdida, de cólera encenderse,
y sin saber por qué, desvanecerse:
efectos son de Amor, no hay que espantarse,
que todo del Amor puede creerse.


Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana, (Lisboa, 1582 - Madrid, 21 de agosto de 1622), poeta español del Barroco, adscrito por lo general al culteranismo, si bien siguió esta estética de modo muy personal. Murió asesinado.

El poeta y dramaturgo Don Antonio Hurtado de Mendoza pintó su carácter en un romance a su muerte:

Ya sabéis que era Don Juan / dado al juego y los placeres; / amábanle las mujeres / por discreto y por galán. / Valiente como Roldán / y más mordaz que valiente... / más pulido que Medoro / y en el vestir sin segundo, / causaban asombro al mundo / sus trajes bordados de oro... / Muy diestro en rejonear, / muy amigo de reñir, / muy ganoso de servir, / muy desprendido en el dar. / Tal fama llegó a alcanzar / en toda la Corte entera, / que no hubo dentro ni fuera / grande que le contrastara, / mujer que no le adorara, / hombre que no le temiera

Booz dormido de Víctor Hugo

Booz se había acostado, rendido de fatiga; todo el día había trabajado sus tierras y luego preparado su lecho en el lugar de siempre; Booz dormía junto a los celemines llenos de trigo. Ese anciano poseía campos de trigo y de cebada; y, aunque rico, era justo; no había lodo en el agua de su molino; ni infierno en el fuego de su fragua. Su barba era plateada como arroyo de abril. Su gavilla no era avara ni tenía odio; cuando veía pasar alguna pobre espigadora: "Dejar caer a propósito espigas" -decía. Caminaba puro ese hombre, lejos de los senderos desviados, vestido de candida probidad y lino blanco; y, siempre sus sacos de grano, como fuentes públicas, del lado de los pobres se derramaban. Booz era buen amo y fiel pariente; aunque ahorrador, era generoso; las mujeres le miraban más que a un joven, pues el joven es hermoso, pero el anciano es grande. El anciano que vuelve hacia la fuente primera, entra en los días eternos y sale de los días cambiantes; se ve llama en los ojos de los jóvenes, pero en el ojo del anciano se ve luz.

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Así pues Booz en la noche, dormía entre los suyos. Cerca de las hacinas que se hubiesen tomado por ruinas, los segadores acostados formaban grupos oscuros: y esto ocurría en tiempos muy antiguos. Las tribus de Israel tenían por jefe un juez; la tierra donde el hombre erraba bajo la tienda, inquieto por las huellas de los pies del gigante que veía, estaba mojada aún y blanda del diluvio.

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Así como dormía Jacob, como dormía Judith, Booz con los ojos cerrados, yacía bajo la enramada; entonces, habiéndose entreabierto la puerta del cielo por encima de su cabeza, fue bajando un sueño. Y ese sueño era tal que Booz vio un roble que, salido de su vientre, iba hasta el cielo azul; una raza trepaba como una larga cadena; un rey cantaba abajo, arriba moría un dios. Y Booz murmuraba con la voz del alma: "¿Cómo podría ser que eso viniese de mí? la cifra de mis años ha pasado los ochenta, y no tengo hijos y ya no tengo mujer. Hace ya mucho que aquella con quien dormía, ¡Oh Señor! dejó mi lecho por el vuestro; y estamos todavía tan mezclados el uno al otro, ella semi viva, semi muerto yo. Nacería de mí una raza ¿cómo creerlo? ¿Cómo podría ser que tenga hijos? Cuando de joven se tienen mañanas triunfantes, el día sale de la noche como de una victoria; pero de viejo, uno tiembla como el árbol en invierno; viudo estoy, estoy solo, sobre mí cae la noche, Así hablaba Booz en el sueño y el éxtasis, volviendo hacia Dios sus ojos anegados por el sueño; el cedro no siente una rosa en su base, y él no sentía una mujer a sus pies.

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Mientras dormía, Ruth, una Moabita, se había recostado a los pies de Booz, con el seno desnudo, esperando no se sabe qué rayo desconocido cuando viniera del despertar la súbita luz. Booz no sabía que una mujer estaba ahí, y Ruth no sabía lo que Dios quería de ella. Un fresco perfume salía de los ramos de asfódelos; los vientos de la noche flotaban sobre Galgalá. La sombra era nupcial, augusta y solemne; allí, tal vez, oscuramente, los ángeles volaban, a veces, se veía pasar en la noche, algo azul semejante a un ala. La respiración de Booz durmiendo se mezclaba con el ruido sordo de los arroyos sobre el musgo. Era un mes en que la naturaleza es dulce, y hay lirios en la cima de las colinas. Ruth soñaba y Booz dormía; la hierba era negra; Los cencerros del ganado palpitaban vagamente; una inmensa bondad caía del firmamento; era la hora tranquila en que los leones van a beber. Todo reposaba en Ur y en Jerimadet; los astros esmaltaban el cielo profundo y sombrío; el cuarto creciente fino y claro entre esas flores de la sombra brillaba en Occidente, y Ruth se preguntaba, inmóvil, entreabriendo los ojos bajo sus velos, qué dios, qué segador del eterno verano, había dejado caer negligentemente al irse esa hoz de oro en los campos de estrellas.

1º de mayo de 1859

241, 242, 243 del LIBRO DEL DESASOSIEGO DE BERNARDO SOARES

LIBRO DEL DESASOSIEGO DE BERNARDO SOARES
 241
«Te quiero sólo para un sueño», dicen a la mujer amada, en versos que no envían, los que no se atreven a decirle nada. Este «te quiero sólo para un sueño» es un verso de un viejo poema mío. Registro el recuerdo con una sonrisa, y ni la sonrisa comento.
242
En mí, todos los afectos se pasan a la superficie, pero sinceramente. He sido actor siempre, y en serio. Siempre que amé, fingí que amé, y para mí mismo lo finjo.
243
CARTA PARA NO ENVIAR
La eximo de comparecer en mi idea de sí.
Su vida (…)
Esto no es mi amor; es sólo su vida.
La amo como al poniente o al claro de luna, con el deseo de que el momento permanezca, pero sin que sea mía en él más que la sensación de tenerlo.

Fernando Pessoa en Libro del desasosiego


¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?

¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos (Madrid, 14 de septiembre de 15801 -Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645), conocido como Francisco de Quevedo, fue un escritor español del Siglo de Oro. Se trata de uno de los autores más destacados de la historia de la literatura española y es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras narrativas y obras dramáticas.
Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago (su ingreso se hizo oficial el 29 de diciembre de 1617).


La dulce boca que a gustar convida

La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,
amantes, no toquéis, si queréis vida;
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.
No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;
manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que pronto huyen del que incitan hora,
y sólo del Amor queda el veneno.

Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote (nacido Luis de Argote y Góngora) (Córdoba, 11 de julio de 1561-ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida más tarde, y con simplificación perpetuada a lo largo de siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada tanto en su siglo como en los siglos posteriores en Europa y América. Como si se tratara de un clásico latino, sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época. 
Recibe el nombre de Generación del 27 al grupo de jóvenes poetas que en 1027 se reunieron, en el Ateneo de Sevilla, con motivo de conmemorar el tricentenario de su fallecimiento.

Del prólogo de Tirante el Blanco de Joanot Martorell

Merecedores son de honor, gloria, fama y memoria los hombres virtuosos y especialmente aquéllos que no han rehusado la muerte para ascender a la gloria perpetua. Sabemos, también, que el honor no puede ser adquirido sin el ejercicio de muchos actos virtuosos y que la felicidad no puede ser conseguida sin virtudes. Es el caso de Judit, que, con ánimo viril, osó matar a Holofernes para liberar a la ciudad de la opresión de aquél. Y como éste son muchos los libros que se han escrito y compilado con hazañas e historias antiguas, ya que sin ellos no sería posible al entendimiento humano comprenderlas y retenerlas.
Antiguamente, el orden militar era tenido en tanta reverencia, que no era galardonado con el honor de caballería más que el más fuerte, el más animoso, el más prudente y el más experto en el ejercicio de las armas. La fortaleza corporal y el coraje se tienen que ejercitar con sabiduría, porque, así como algunas veces unos pocos han obtenido victoria sobre muchos a causa de la prudencia y las buenas artes de los batalladores, en otras ocasiones la sabiduría y la astucia de los caballeros han sido suficientes para vencer la fuerza de los enemigos. Y por esta razón los antiguos ordenaban justas y torneos y educaban a los infantes en el ejercicio militar, para que en las batallas fuesen fuertes y animosos y para que no sintiesen terror ante la visión de los enemigos.
La dignidad militar tiene que ser premiada, porque sin ella los reinos y las ciudades no podrían permanecer en paz, según dice el glorioso san Lucas en su evangelio. Merecedor es, pues, el virtuoso y valiente caballero, de honor y de gloria, y su fama no tiene que ser olvidada con el paso de los días. Y como entre los otros insignes caballeros de gloriosa memoria sobresale el valentísimo Tirante el Blanco, del cual hace especial conmemoración el presente libro, es necesario hacer una singular y presente mención individual, a causa de su honor y de sus grandísimas virtudes y caballerías, que se recitan en las siguientes historias.

Del prólogo de Tirante el Blanco de Joanot Martorell
(20 de noviembre de 1490)

La novela de caballerías más divertida de la literatura universal.
THE NEW YORK TIMES

Por tomar muchos juntos se le cayó uno a los pies del barbero, que le tomó gana de ver de quién era, y vió que decía: Historia del famoso caballero Tirante el Blanco. Válame Dios dijo el cura, dando una gran voz; ¡que aquí esté Tirante Blanco! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Kirieleison de Montalván, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalván y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con Alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora emperatriz enamorada de Hipólito su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que lo compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho. Así será, respondió el barbero…
El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (I-VI) de Miguel de Cervantes.



Este infame gallo cuyo temprano canto, vs. silbarán los pájaros -cabrones- desde los plátanos

Una vez, un hombre fue a la provincia de Mutsu sin un objetivo definido. Una dama de allí se prendó ardientemente del hombre de la capital, que encontraba de una rara belleza. Ella le escribió:
Más valiera
para morir en amor total
fuera yo
un gusano de seda
aún para tan corta vida.
Era un poema de provinciana. De cualquier manera, él sintió piedad, fue a su casa y allí durmió. Cuando, tarde en la noche, partió, la mujer:
Cuando el día despunte
en el canal he de hundir
este infame gallo
cuyo temprano canto
a mi amante hizo partir.
Pero el hombre dijo que debía volver a la capital:
Si en Kurihara
el pino de Anewa
una persona fuera:
“A la capital, como recuerdo,
ven conmigo”, le diría.
Entonces la mujer se sintió feliz, y se dijo: “Parece que realmente me ama”.

Son los Cuentos d’Ise 951 d.C. de Ariwara No Narihira
Traducción: Jorge N. Salomonoff
Colección: Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges

Un poeta, Gil de Biedma; diría siglos después:
“Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad…”

JGB
“Albada”
Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.
Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.

Es el amanecer.
Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.
Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,
y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.
Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.
-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.
Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma y Alba nació en Barcelona, el 13 de noviembre de 1929.
Fue uno de los más importantes poetas de la llamada Generación del 50′

CUMBRE DE URBIÓN

CUMBRE DE URBIÓN. 

A Joaquín Gómez de Llarena

Es la cumbre, por fin, la última cumbre.
Y mis ojos en torno hacen la ronda
y cantan el perfil, a la redonda,
de media España y su fanal de lumbre.
Leve es la tierra. Toda pesadumbre
se desvanece en cenital rotonda.
Y al beso y tacto de infinita onda
duermen tierras y valles su costumbre.
Geología yacente, sin más huellas
que una nostalgia trémula de aquellas
palmas de Dios palpando su relieve.
Pero algo, Urbión, no duerme en tu nevero,
que entre pañales de tu virgen nieve
sin cesar nace y llora el niño Duero.

Gerardo Diego en Alondra de verdad, 1941.


PRIMAVERA EN SILOS

Ahuyenta el sol los delicados hilos
de una lluvia viajera. Y, pregonero
del hondo y fresco azul, un novillero
ruiseñor luce su primor de estilos.
Los perales en flor, nuevos los tilos;
el ciprés, paraíso del jilguero.
Qué bien supiste, hermano jardinero,
interpretar la primavera en Silos.
Ay, santa envidia de haber sido un monje,
un botánico, un mínimo calonge
-frescor de azada y luz de palimpsesto-,
y un anónimo y verde día, cuando
Dios me llamase, hallarme de su bando
y decirle: “Bien sabes que estoy presto”.

Gerardo Diego en "Versos divinos".

Donde habite el olvido; juntos los poemas de Bécquer y Cernuda

Rima LXVI: ¿De dónde vengo?
Gustavo Adolfo Bécquer

¿De dónde vengo?…
El más horrible y áspero
de los senderos busca:
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza;
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

Donde habite el olvido,
Luis Cernuda


Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.

¿saltear de caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar los presos, acorrer a los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos?

Imaginando, pues, esto, quiso certificarse si las señas que de don Quijote traía venían bien, y, sacando del seno un pergamino, topó con el que buscaba; y, poniéndosele a leer de espacio, porque no era buen lector, a cada palabra que leía ponía los ojos en don Quijote, y iba cotejando las señas del mandamiento con el rostro de don Quijote, y halló que, sin duda alguna, era el que el mandamiento rezaba. Y, apenas se hubo certificado, cuando, recogiendo su pergamino, en la izquierda tomó el mandamiento, y con la derecha asió a don Quijote del cuello fuertemente, que no le dejaba alentar, y a grandes voces decía:
—¡Favor a la Santa Hermandad! Y, para que se vea que lo pido de veras, léase este mandamiento, donde se contiene que se prenda a este salteador de caminos.
Tomó el mandamiento el cura, y vio como era verdad cuanto el cuadrillero decía, y cómo convenía con las señas con don Quijote; el cual, viéndose tratar mal de aquel villano malandrín, puesta la cólera en su punto y crujiéndole los huesos de su cuerpo, como mejor pudo él, asió al cuadrillero con entrambas manos de la garganta, que, a no ser socorrido de sus compañeros, allí dejara la vida antes que don Quijote la presa. El ventero, que por fuerza había de favorecer a los de su oficio, acudió luego a dalle favor. La ventera, que vio de nuevo a su marido en pendencias, de nuevo alzó la voz, cuyo tenor le llevaron luego Maritornes y su hija, pidiendo favor al cielo y a los que allí estaban. Sancho dijo, viendo lo que pasaba:
—¡Vive el Señor, que es verdad cuanto mi amo dice de los encantos deste castillo, pues no es posible vivir una hora con quietud en él!
Don Fernando despartió al cuadrillero y a don Quijote, y, con gusto de entrambos, les desenclavijó las manos, que el uno en el collar del sayo del uno, y el otro en la garganta del otro, bien asidas tenían; pero no por esto cesaban los cuadrilleros de pedir su preso, y que les ayudasen a dársele atado y entregado a toda su voluntad, porque así convenía al servicio del rey y de la Santa Hermandad, de cuya parte de nuevo les pedían socorro y favor para hacer aquella prisión de aquel robador y salteador de sendas y de carreras. Reíase de oír decir estas razones don Quijote; y, con mucho sosiego, dijo:
—Venid acá, gente soez y malnacida: ¿saltear de caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar los presos, acorrer a los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos? ¡Ah, gente infame, digna por vuestro bajo y vil entendimiento que el cielo no os comunique el valor que se encierra en la caballería andante, ni os dé a entender el pecado e ignorancia en que estáis en no reverenciar la sombra, cuanto más la asistencia, de cualquier caballero andante! Venid acá, ladrones en cuadrilla, que no cuadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad; decidme: ¿quién fue el ignorante que firmó mandamiento de prisión contra un tal caballero como yo soy? ¿Quién el que ignoró que son esentos de todo judicial fuero los caballeros andantes, y que su ley es su espada; sus fueros, sus bríos; sus premáticas, su voluntad? ¿Quién fue el mentecato, vuelvo a decir, que no sabe que no hay secutoria de hidalgo con tantas preeminencias, ni esenciones, como la que adquiere un caballero andante el día que se arma caballero y se entrega al duro ejercicio de la caballería? ¿Qué caballero andante pagó pecho, alcabala, chapín de la reina, moneda forera, portazgo ni barca? ¿Qué sastre le llevó hechura de vestido que le hiciese? ¿Qué castellano le acogió en su castillo que le hiciese pagar el escote? ¿Qué rey no le asentó a su mesa? ¿Qué doncella no se le aficionó y se le entregó rendida, a todo su talante y voluntad? Y, finalmente, ¿qué caballero andante ha habido, hay ni habrá en el mundo, que no tenga bríos para dar él solo cuatrocientos palos a cuatrocientos cuadrilleros que se le pongan delante?
En tanto que don Quijote esto decía, estaba persuadiendo el cura a los cuadrilleros como don Quijote era falto de juicio, como lo veían por sus obras y por sus palabras, y que no tenían para qué llevar aquel negocio adelante, pues, aunque le prendiesen y llevasen, luego le habían de dejar por loco; a lo que respondió el del mandamiento que a él no tocaba juzgar de la locura de don Quijote, sino hacer lo que por su mayor le era mandado, y que una vez preso, siquiera le soltasen trecientas.
—Con todo eso —dijo el cura—, por esta vez no le habéis de llevar, ni aun él dejará llevarse, a lo que yo entiendo.
En efeto, tanto les supo el cura decir, y tantas locuras supo don Quijote hacer, que más locos fueran que no él los cuadrilleros si no conocieran la falta de don Quijote; y así, tuvieron por bien de apaciguarse, y aun de ser medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho Panza, que todavía asistían con gran rancor a su pendencia. Finalmente, ellos, como miembros de justicia, mediaron la causa y fueron árbitros della, de tal modo que ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo menos en algo satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y jáquimas; y en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese, le dio por la bacía ocho reales, y el barbero le hizo una cédula del recibo y de no llamarse a engaño por entonces, ni por siempre jamás amén.

De los capítulos XLV y XLVI de Don Quijote de la Mancha (Primera parte).
Miguel de Cervantes. Penguin Clásicos

El cérigo simple, un milagro de Nuestra Señora, por Gonzalo de Berceo

El clérigo simple (milagro IX)
Era un simple clérigo, pobre de clerecía,
dicié cutiano misa de la Sancta María;
non sabié decir otra, diciéla cada día,
más la sabié por uso que por sabiduría.
Fo est misacantano al bispo acusado,
que era idïota, mal clérigo probado;
«Salve Sancta Parens» sólo tenié usado,
non sabié otra misa el torpe embargado.
Fo durament movido el obispo a saña,
dicié: «Nunca de preste oí atal hazaña.»
Dijo: «Dicit al fijo de la mala putaña
que venga ante mí, no lo pare por maña.»
Vino ante el obispo el preste pecador,
habié con el grand miedo perdida la color,
non podié de vergüenza catar contra'l señor,
nunca fo el mesquino en tan mala sudor.
Dísoli el obispo: «Preste, dime verdat,
si es tal como dicen la tu necïedat.»
Dísoli el buen homne, «Señor, por caridat,
si disiese que non, dizría falsedat.»
Dísoli el obispo: «Cuando non as cïencia
de cantar otra misa nin as sen nin potencia,
viédote que non cantes, métote en sentencia,
vivi como mereces por otra agudencia.»
Fo el preste su vía triste e desarrado,
habié muy grand vergüenza, el daño muy granado;
tornó en la Gloriosa, ploroso e quesado,
que li diese consejo ca era aterrado.
La madre preciosa que nunca falleció
a qui de corazón a piedes li cadió,
el ruego del su clérigo luego gelo udió:
no lo metió por plazo, luego li acorrió.
La Virgo glorïosa, madre sin dición,
apreció'l al bispo luego en visïón;
díjoli fuertes dichos, un brabiello sermón,
descubrióli en ello todo su corazón.
Díjoli brabamientre: «Don obispo lozano,
¿contra mí por qué fust tan fuert e tan villano?
Yo nunca te tollí valía de un grano,
e tú ásme tollido a mí un capellano.
El que a mí cantaba la misa cada día
tú tovist que facié yerro de eresía;
judguéstilo por bestia e por cosa radía,
tollisteli la orden de la capellanía.
Si tú no li mandares decir la misa mía
como solié decirla, grand querella habría,
e tú serás finado hasta el trenteno día,
¡Desend verás qué vale la saña de María!»
Fo con estas menazas el bispo espantado,
mandó envïar luego por el preste vedado;
rogó'l que'l perdonase lo que habié errado,
ca fo él en su pleito durament engañado.
Mandólo que cantase como solié cantar,
fuese de la Gloriosa siervo del su altar;
si algo li menguase en vestir o calzar,
él gelo mandarié del suyo mismo dar.
Tornó el homne bueno en su capellanía,
sirvió a la Gloriosa, madre Sancta María;
finó en su oficio de fin cual yo querría,
fue la alma a gloria a la dulz cofradría.
Non podriemos nos tanto escribir nin rezar,
aun porque podiésemos muchos años durar,
que los diezmos miraclos podiésemos contar,
los que por la Gloriosa denna Dios demostrar.

Gonzalo de Berceo
Milagros de Nuestra Señora

GONZALO DE BERCEO. (Berceo, Logroño, hacia 1195 - Monasterio de San Millán de la Cogolla, hacia 1268) Escritor medieval que fue primer poeta en lengua castellana con nombre conocido.
Fue clérigo y vivió en el monasterio de San Millán de la Cogolla (Logroño), donde se ordenó sacerdote, y en el de Santo Domingo de Silos (Burgos). En el monasterio de San Millán de la Cogolla ofició como clérigo secular, y llegó a ocupar los cargos de diácono (hacia 1120) y presbítero (hacia 1237).
Es el primer representante del llamado «mester de clerecía», escuela medieval de hombres de letras (una calificación que en aquella época casi coincidía con la de sacerdote) cuya principal aportación fue la difusión de la cultura latina. Berceo inauguró la senda de la poesía erudita, en contraposición con la desarrollada por la poesía épica popular y la de los juglares.
Sus obras, escritas en cuaderna vía (estrofa de cuatro versos alejandrinos monorrimos) como era habitual en el «mester», son estrictamente religiosas y se suelen clasificar en tres grupos: vidas de santos, obras marianas y obras de temática religiosa más amplia, de tipo doctrinal. Los poemas hagiográficos, sobre santos locales (Vida de San Millán, Vida de Santo Domingo de Silos y Vida de Santa Oria), se basan en fuentes latinas y en tradiciones del propio monasterio.
El grupo de obras marianas cuenta con tres títulos fundamentales: Loores de Nuestra Señora, Milagros de Nuestra Señora y Duelo de la Virgen. Los poemas religiosos de naturaleza doctrinal son El martirio de San Lorenzo, El sacrificio de la misa y Los signos que aparecerán antes del Juicio.
Probablemente difundida de forma oral por los juglares, su obra tiene un claro objetivo didáctico y moral, y se caracteriza por un tratamiento sencillo y popular del lenguaje. A menudo Berceo hace referencia a sus propios avatares biográficos y da muestras, con su expresión realista y auténtica, de su gusto por la recreación de detalles pintorescos y cotidianos. Su forma de narrar los sucesos religiosos y de intentar acercarlos al pueblo mediante un estilo y una forma de sentir humilde y sencilla hizo de Berceo un autor de gran valor simbólico para la Generación del 98.

[Basado el texto en la edición de Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, manuscrito 93 del Archivo de la Abadía de Santo Domingo de Silos, en la edición de Michael Gerli (Berceo, Gonzalo de, Milagros de Nuestra Señora, Madrid, Cátedra, 1988), cuya consulta es recomendable. Se opta por mantener las grafías del original eliminando las variantes gráficas no significativas, y por eliminar las marcas de editor, asumiendo, cuando es oportuno, las correcciones, reconstrucciones y enmiendas propuestas por Gerli.]


¿…? (Para participar, obligatoriamente, en un concurso de creación, en el colegio). Primer premio.

¿…?
Catorce años ¿es una edad o un poema?
deseo, movimiento, sueños, miradas
a lo ajeno, a lo otro, al otro;
un aprendizaje, un verso, un fresca risa.
Bien no lo sé;
acabo de llegar y empieza la partida,
si me acompañas otro trecho,
a lo mejor, compartimos la sonrisa
y el secreto.

MMC (María Martín Cano)

8º de EGB. 1995

Erikson vólvese pra escoitar a súa mocidade

Erikson vólvese pra escoitar a súa mocidade 
E cando se decatou, quitou a pucha
pra enchela coas froles do prado.
—Pro as froles están somentes
nun soño, abaneadas por un ventiño morno,
que tamén era soño, soño, soño.
Tivera os anos coma trigo dourado
nas mans, no corazón, nas verbas.
—Nos ollos tamén si, cos que medía
o van da moza e a carreira das estrelas.
Pro non o soupo daquela.
Agora que por vez derradeira soña
que escoita o cuco no alcipreste,
coa pucha parda na man, e os ósos
somentes quentados polos recordos,
—ouh fondo pozo mouro, vida esgotada,
cas ceibados do corazón, violín sen cordas!—
vólvese: a perdida mocidade debe de estar cantando
máis aló dos outeiros, do mare, dos outeiros,
do mare. Aínda cantando.


Erikson se vuelve para escuchar a su juventud

Y cuando se dio cuenta, se quitó la gorra
para llenarla con las flores del prado.
—Pero las flores están solamente
en un sueño, mecidas por una brisa tibia,
que también era sueño, sueño, sueño.—
Había tenido los años como trigo dorado
en las manos, en el corazón, en las palabras.
—En los ojos también, sí, con los que medía
el talle de la muchacha y la carrera de las estrellas.—
Pero no lo supo entonces.
Ahora que por vez postrera sueña
que escucha al cuco en el ciprés,
con la gorra parda en la mano y los huesos
solamente calentados por los recuerdos,
—¡oh hondo pozo negro, vida agotada,
perros sueltos del corazón, violín sin cuerdas!—
se vuelve: la perdida juventud debe estar cantando
más allá de las colinas, del mar, de las colinas,
del mar. Aún cantando.

 De “Poemas apócrifos” de Álvaro Cunqueiro

Más información en: http://enriquegutierrezmiranda.blogspot.com.es/2011/10/doce-poemas-apocrifos.html


Galanio, tú sabrás que esotro día,

Galanio, tú sabrás que esotro día,
bien lejos de la choza y el ganado,
en pacífico sueño transportado
quedé junto a una haya alta y sombría

cuando —¿quién tal pensó?— Flérida mía
traída allí de amigo y cortés hado
llegose y un abrazo enamorado
me dio, cual otro agora tomaría.

No desperté, que el respirado aliento
della en mi boca entró, süave y puro,
y allá en el alma dio del caso aviso,

la cual, sin su corpóreo impedimento
por aquel paso en que me vi te juro
que el bien casi sintió del Paraíso.

Francisco de Aldana
(Nápoles, 1537 ó 1540 - Alcazarquivir, Marruecos, 4 de agosto de 1578) fue un militar español y uno de los más importantes poetas del siglo XVI, en la segunda fase del Renacimiento español.           

Como poeta, es uno de los representantes del neoplatonismo en la poesía española. Como poeta fue tan alabado en su época que fue llamado «el Divino» por el mismo Miguel de Cervantes, quien lo nombra en su obra La Galatea, y «símbolo del Renacimiento» por los creadores del Diccionario de autoridades, quienes lo hicieron figurar entre las autoridades de la lengua.
(Datos de la Wikipedia)

De una serie:
Mayo mes de flores y de los buenos amores, mayo, es.


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