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¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?

¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos (Madrid, 14 de septiembre de 15801 -Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645), conocido como Francisco de Quevedo, fue un escritor español del Siglo de Oro. Se trata de uno de los autores más destacados de la historia de la literatura española y es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras narrativas y obras dramáticas.
Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago (su ingreso se hizo oficial el 29 de diciembre de 1617).


Francisco de Quevedo y Villegas

Al andar en estos días entre dos Corpus Christi uno el jueves, antaño de gran celebración y fiesta, y el otro el próximo domingo al que se trasladó en la mayor parte de los territorios del Reino de España es por lo que se trae a colación por el recuerdo estas palabras de Francisco de Quevedo:
Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños
«En estas razones y discursos iba, cuando topé un clerigo muy viejo, en una mula, que iba camino de Madrid. Trabamos plática, y luego me preguntó que de adónde venía. Yo le dije que de Alcalá.
—Maldiga Dios —dijo él— tan mala gente como hay en ese pueblo, pues falta, entre tantos, un hombre de discurso.
Preguntéle que cómo o por qué se podía decir tal del lugar donde asistían tantos doctos varones, y él, muy enojado, dijo:
—¿Doctos? Yo le diré a v. m. que tan doctos, que habiendo más de catorce años que hago yo en Majalahonda (donde he sido sacristán), las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento, no me premiaron en el cartel unos cantorcicos, que, porque vea v. m. la sinrazón que me hicieron, se los he de leer.
Y comenzó desta manera:
Pastores, ¿no es lindo chiste
que es hoy el señor san Corpus Christe?
Hoy es el día de las danzas,
en que el cordero sin mancilla
tanto se humilla,
que visita nuestras panzas;
y entre estas bienaventuranzas
entra en el humano buche.
Suene el lindo sacabuche,
pues en nuestro bien consiste.
Pastores, ¿no es lindo chiste,
Etc?…»
Tomado de Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, Madrid, Aguilar, 1961, pp. 132-133.

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