Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

Horizontal, sí, te quiero.

Horizontal, sí, te quiero.
Mírale la cara al cielo,
de cara. Déjate ya
de fingir un equilibrio
donde lloramos tú y yo,
Ríndete
a la gran verdad final,
a lo que has de ser conmigo,
tendida ya, paralela,
en la muerte o en el beso.
Horizontal es la noche
en el mar, gran masa trémula
sobre la tierra acostada,
vencida sobre la playa.
El estar de pie, mentira:
sólo correr o tenderse.
Y lo que tú y yo queremos
y el día —ya tan cansado
de estar con su luz, derecho—
es que nos llegue, viviendo
y con temblor de morir,
en lo más alto del beso,
ese quedarse rendidos
por el amor más ingrávido,
al peso de ser de tierra,
materia, carne de vida.
En la noche y la trasnoche,
y el amor y el trasamor,
ya cambiados
en horizontes finales,
tú y yo, de nosotros mismos.

Pedro Salinas. LA VOZ A TI DEBIDA (1933)

Pedro Salinas Serrano (Madrid, 27 de noviembre de 1891 – Boston, 4 de diciembre de 1951) fue un escritor español conocido sobre todo por su poesía y ensayos. Dentro del contexto de la Generación del 27 se le considera uno de sus mayores poetas. Sus traducciones de Proust contribuyeron al conocimiento del novelista francés en el mundo hispano-hablante. Al concluir la guerra civil española se exilió en Estados Unidos hasta su muerte.

Implicado en la creación de la Universidad Internacional de Verano de Santander (de la que sería secretario general entre 1933 y 1936), conoció en el verano de 1932 a una estudiante estadounidense, Katherine R. Whitmore, que sería luego profesora de lengua y literatura española en el Smith College (Northampton, Massachusetts), de la que se enamoró. Ella fue la destinataria de su trilogía poética La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. El romance se mantuvo, en forma epistolar, cuando Katherine regresó a Estados Unidos para proseguir sus estudios; volvió la joven para el curso académico 1934–1935, pero la mujer de Salinas descubrió la infidelidad e intentó suicidarse, por lo que Katherine decidió poner fin a la relación.

Datos extraídos de la Wikipedia



Este infame gallo cuyo temprano canto, vs. silbarán los pájaros -cabrones- desde los plátanos

Una vez, un hombre fue a la provincia de Mutsu sin un objetivo definido. Una dama de allí se prendó ardientemente del hombre de la capital, que encontraba de una rara belleza. Ella le escribió:
Más valiera
para morir en amor total
fuera yo
un gusano de seda
aún para tan corta vida.
Era un poema de provinciana. De cualquier manera, él sintió piedad, fue a su casa y allí durmió. Cuando, tarde en la noche, partió, la mujer:
Cuando el día despunte
en el canal he de hundir
este infame gallo
cuyo temprano canto
a mi amante hizo partir.
Pero el hombre dijo que debía volver a la capital:
Si en Kurihara
el pino de Anewa
una persona fuera:
“A la capital, como recuerdo,
ven conmigo”, le diría.
Entonces la mujer se sintió feliz, y se dijo: “Parece que realmente me ama”.

Son los Cuentos d’Ise 951 d.C. de Ariwara No Narihira
Traducción: Jorge N. Salomonoff
Colección: Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges

Un poeta, Gil de Biedma; diría siglos después:
“Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad…”

JGB
“Albada”
Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.
Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.

Es el amanecer.
Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.
Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,
y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.
Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.
-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.
Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma y Alba nació en Barcelona, el 13 de noviembre de 1929.
Fue uno de los más importantes poetas de la llamada Generación del 50′

Erikson vólvese pra escoitar a súa mocidade

Erikson vólvese pra escoitar a súa mocidade 
E cando se decatou, quitou a pucha
pra enchela coas froles do prado.
—Pro as froles están somentes
nun soño, abaneadas por un ventiño morno,
que tamén era soño, soño, soño.
Tivera os anos coma trigo dourado
nas mans, no corazón, nas verbas.
—Nos ollos tamén si, cos que medía
o van da moza e a carreira das estrelas.
Pro non o soupo daquela.
Agora que por vez derradeira soña
que escoita o cuco no alcipreste,
coa pucha parda na man, e os ósos
somentes quentados polos recordos,
—ouh fondo pozo mouro, vida esgotada,
cas ceibados do corazón, violín sen cordas!—
vólvese: a perdida mocidade debe de estar cantando
máis aló dos outeiros, do mare, dos outeiros,
do mare. Aínda cantando.


Erikson se vuelve para escuchar a su juventud

Y cuando se dio cuenta, se quitó la gorra
para llenarla con las flores del prado.
—Pero las flores están solamente
en un sueño, mecidas por una brisa tibia,
que también era sueño, sueño, sueño.—
Había tenido los años como trigo dorado
en las manos, en el corazón, en las palabras.
—En los ojos también, sí, con los que medía
el talle de la muchacha y la carrera de las estrellas.—
Pero no lo supo entonces.
Ahora que por vez postrera sueña
que escucha al cuco en el ciprés,
con la gorra parda en la mano y los huesos
solamente calentados por los recuerdos,
—¡oh hondo pozo negro, vida agotada,
perros sueltos del corazón, violín sin cuerdas!—
se vuelve: la perdida juventud debe estar cantando
más allá de las colinas, del mar, de las colinas,
del mar. Aún cantando.

 De “Poemas apócrifos” de Álvaro Cunqueiro

Más información en: http://enriquegutierrezmiranda.blogspot.com.es/2011/10/doce-poemas-apocrifos.html


Blogs y Webs

  • Sofia - Sin tilde, sí, la capital de Bulgaria. A ella dedicó este libro Juan Eduardo Zúñiga, uno de los escritores españoles más secretos del siglo XX y, sin em...
    Hace 5 días
  • Callos - Hai algúns anos, un día asistín a unha conferencia sobre Manuel Murguía nunha universidade de verán. O conferenciante empezou cunha frase que case me fi...
    Hace 8 años