Canto II (Oda a la MUJER) de Altazor o el viaje en paracaídas por Vicente Huidobro.

CANTO II
Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio.
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche
Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte
Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire
Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?
Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas
Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco-iris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quién salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración
Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas.
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas.
Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos
Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?



Vicente Huidobro

Sirva como recuerdo y homenaje a Carlos Casares

Homenaxe

18 de Mayo de 2017 a las 0:15
Onte, en Arteixo, na comida que seguiu aos actos académicos de celebración do Día das Letras Galegas, tiven a sorte de compartir mesa con Francisco Xavier Río Barxa, que foi profesor meu de Xeografía na Facultade de Letras, que logo fomos —e somos— compañeiros na Real Academia e que desde hai moito tempo somos tamén amigos. Non sei de ninguén que coñeza Galicia coma el, monte a monte, río a río, val a val, nin que se emocione tanto nin tan discretamente ao describila. Escoitalo é como viaxar sen moverse do sitio, como facían aqueles cabaleiros ingleses que percorrían o mundo imaxinando paisaxes, sentados ao pé da cheminea.
Durante o xantar falou da realidade xeolóxica do noso país, cando era completamente plano ata que se quebrou a inmensa plataforma de pedra de gra sobre a cal se asentaba e apareceron as montañas. Pero sobre todo falou da xente e do que homes e mulleres levan traballado esta terra, que contribuíron a formar coas súas mans, tan duramente.
Puxo o exemplo de Chagoazoso, a poboación máis alta de Galicia, situada por riba dos mil douscentos metros e colgada sobre o río Bibei. A primeira vez que estivo alí sorprendeuse de que setecentos metros máis abaixo, os seus habitantes cultivasen a vide e collesen viño a base dun esforzo inmenso, acarrando terra para facer posible o milagre. Intrigado, preguntou e respondéronlle: “Señor, non estaría ben que non houbese un vaso de viño para quen veña petar á porta da casa”. Dicía Río Barxa que alguén se debía de preocupar de poñer alí un monolito de homenaxe a aquela xente. Estou de acordo. Eu contribúo modestamente dedicándolles esta columna.
Esta columna publicouse orixinalmente o 18 de maio de 2000.

Vivir en democracia

"También los que menos nos gustan son paisanos nuestros: vivir en democracia es renunciar a decidir quién merece habitar la tierra y quién no. Por eso consideramos abominablemente equivocados a los racistas y también a los que sustituyen el racismo clásico por la lucha de clases o castas para establecer quién es digno de habitar la política."

Ayer en la sección Opinión de El País por Fernando Savater (San Sebastián, 1947) es escritor, filósofo, novelista y ensayista.

¡Ay, flores!, ¡ay, flores del verde pino!,

Cantigas de amigo


—Ai flores, ai flores do verde pinho,
se sabedes novas do meu amigo?
Ai, Deus, e u é?
Ai flores, ai flores do verde ramo,
se sabedes novas do meu amado?
Ai, Deus, e u é?
Se sabedes novas do meu amigo,
aquel que mentiu do que pôs comigo?
Ai, Deus, e u é?
Se sabedes novas do meu amado,
aquel que mentiu do que a mi á jurado?
Ai, Deus, e u é?
—Vós me preguntades polo voss’ amigo,
e eu ben vos digo que é sã’ e vivo.
Ai, Deus, e u é?
E eu ben vos digo que é sã’ e vivo
e seerá vosc’ ant’ o prazo saido.
Ai, Deus, e u é?
E eu ben vos digo, que é viv’ e são
e s[e]erá vosc’ ant’ o prazo passado.
Ai, Deus, e u é?
[Rey Don Denís]
  xxxx  0000  xxxx   0000  xxxx
¡Ay, flores!, ¡ay, flores del verde pino!,
si sabéis novedades de mi amigo.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
¡Ay, flores! ¡ay, flores del verde ramo!,
si tenéis noticias de mi amado.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
Si sabéis nuevas de mi amigo,
aquel que mintió de lo que estuvo conmigo.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
Si sabéis novedades de mi amado,
aquel que mintió de lo que me ha jurado.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
—Vos que preguntáis por vuestro amigo,
yo bien os digo que está sano y vivo.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
Y yo bien os digo que está sano y vivo
y estará con vos antes de que acabe el plazo.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
Y yo bien os digo que está vivo y sano
y estará con vos antes de que sea el plazo pasado.
¡Ay, Dios!, ¿y dónde está?
[Rey Don Denís]



También Don Dinís. Es el rey Dionisio I de Portugal, apodado el Labrador (1261-1325), sexto monarca de Portugal. Era el hijo mayor del rey Alfonso III el Boloñés y de su segunda esposa, Beatriz de Castilla, por lo que era nieto de Alfonso X. Sucedió a su padre en el trono en el año 1279. Se casó con Isabel, hija de Pedro III de Aragón, llamada la Rainha Santa, que peregrinó a Compostela tras la muerte de su esposo, que también era muy devoto del Apóstol.
Fue un rey muy importante en la consolidación literaria del portugués. En su corte se cultivó la poesía trovadoresca y por ella pasaron numerosos trovadores y juglares, de hecho él mismo fue un prestigioso trovador de todos los géneros. Deja una gran cantidad de obras de las que los cancioneros recopilan un total de 138, distribuidas en todos los tipos: 73 cantigas de amor, 51 cantigas de amigo, 10 cantigas de escarnio y maldecir, tres pastorelas y una alba. Siete de sus cantigas nos han llegado con su música original descubiertas por el profesor Harvey L. Sharrer en el Arquivo Nacional da Torre do Tombo de Lisboa, en un pergamino que servía de cubierta a un libro de registros notariales del siglo XVI y al que se le dio el nombre de Pergamino Sharrer, un caso similar al de las cantigas de Martín Codax. En su época, Lisboa fue uno de los centros europeos de la cultura y el conocimiento. Fundó la Universidad de Coimbra y mandó traducir las obras más importantes del saber de su tiempo, de modo que su corte fue uno de los mayores centros literarios de la Península Ibérica y de Europa. Como sucede con otros trovadores, su obra se difundió por el Camino. (http://xacopedia.com)


Oh dulces prendas por mi mal halladas

¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!
¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas que en tanto bien por vos me vía,
que me habiades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;
si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Garcilaso de la Vega

Garcilaso de la Vega fue el gran renovador de la poesía española del siglo XVI. Introdujo con acierto el estilo italianizante y transformó no solo la métrica, sino también el lenguaje y los temas de la poesía del momento. La belleza formal de sus composiciones y la elegancia de sus imágenes son algunas de las claves que explican por qué tanto su recreación del sentimiento como su retrato de la mujer amada forman parte ineludible del catálogo de la mejor literatura amorosa.

De una serie:
Mayo mes de flores y de los buenos amores, mayo, es.


Contemplando la cascada de la montaña de Lu Shan

El sol enciende el Incensario,
que exhala un vapor violáceo.
Lejos una cascada
cuelga de la montaña.
En un vertiginoso vuelo
rueda mil pies hacia abajo.
¿Estará la Vía Láctea cayendo
de lo más alto del cielo?

Po Li

Eres tan bella como una flor, pero las nubes nos separan


Traducción: Guojian Chen


Hijo de un acomodado comerciante, Li Po nació en la ciudad de Shuiye en el año 701. Durante su juventud vivió durante un tiempo como eremita y luego viajó por el país. En 742 se estableció en Changan, la capital del imperio Tang. Fue presentado al emperador y frecuentó la corte hasta que cayó en desgracia, y más tarde se le desterró temporalmente por su apoyo al príncipe Yong durante el estallido de una rebelión. Murió en el año 762. Le tocó vivir una época de paz y de relativa libertad ideológica que se tradujo, entre otras cosas, en la promoción de la poesía por parte de los emperadores. Escribió más de diez mil poemas, de los que se han conservado unos mil. Y en ellos abordó todos los temas: el amor, la nostalgia, el canto a la vida de los ermitaños, el elogio de los caballeros, la guerra, la Naturaleza, la vida en las regiones fronterizas y, como buen bebedor, los placeres del vino. Junto con su contemporáneo y amigo Du Fu está considerado uno de los poetas más importantes de la poesía china.

Es yelo abrasador, es fuego helado,

Es yelo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;

es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada;

este es el niño Amor, este es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!


Soneto de Francisco de Quevedo

quien traduce uno de Camoens ("Amor e fogo que arde sem se ver") cuyos antecedentes proceden del imitado soneto CIII de Petrarca ("Pace non trovo e non ò da far guerra".)

De una serie:
Mayo mes de flores y de los buenos amores, mayo, es.


(Para comentario de texto.)

El poema es un soneto, una composición culta renacentista, de origen italiano, que se introdujo en la poesía española a través del marqués de Santillana y que posteriormente, con gran éxito, incorporó de forma definitiva en el siglo XVI el poeta Garcilaso de la Vega, animado por su amigo Juan Boscán. Se utilizó mucho en el barroco y ha llegado hasta nuestros días.
El soneto es un poema estrófico que está formado por dos cuartetos y dos tercetos.
Todos los versos son endecasílabos, es decir, tienen once sílabas, como es usual en el soneto. Son, por tanto, versos de arte mayor.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Soneto 126 de las Rimas de Lope de Vega (1562-1635)

De una serie:
Mayo mes de flores y de los buenos amores, mayo, es.

Unos párrafos de la segunda carta

Todas las tardes, y cuando el sol comienza a caer, salgo al camino que pasa por delante de las puertas del monasterio para aguardar al conductor de la correspondencia que me trae los periódicos de Madrid. Frente al arco que da entrada al primer recinto de la abadía, se extiende una larga alameda de chopos tan altos que, cuando agita las ramas el viento de la tarde, sus copas se unen y forman una inmensa bóveda de verdura. Por ambos lados del camino, y saltando y cayendo con un murmullo apacible por entre las retorcidas raíces de los árboles, corren dos arroyos de agua cristalina y transparente, fría como la hoja de una espada y delgada como su filo. El terreno sobre el cual flotan las sombras de los chopos, salpicadas de manchas inquietas y luminosas, está a trechos cubierto de una yerba alta, espesa y finísima, entre la que nacen tantas margaritas blancas, que semejan a primera vista esa lluvia de flores con que alfombran el suelo los árboles frutales en los templados días de abril. En los ribazos, y entre los zarzales y los juncos del arroyo; crecen las violetas silvestres, que, aunque casi ocultas entre sus rastreras hojas, se anuncian a gran distancia con su intenso perfume; y, por último, también cerca del agua y formando como un segundo término, déjase ver por entre los huecos que quedan de tronco a tronco una doble fila de nogales corpulentos con sus copas redondas, compactas y oscuras.
Como a la mitad de esta alameda deliciosa, y en un punto en que varios olmos dibujan un círculo pequeño, enlazando entre sí sus espesas ramas, que recuerdan, al tocarse en la altura, la cúpula de un santuario; sobre una escalinata formada de grandes sillares de granito, por entre cuyas hendiduras nacen y se enroscan los tallos y las flores trepadoras, se levanta gentil, artística y alta, casi como los árboles, una cruz de mármol, que, merced a su color, es conocida en estas cercanías por la Cruz negra de Veruela. Nada más hermosamente sombrío que este lugar. Por un extremo del camino limita la vista el monasterio con sus arcos ojivales, sus torres puntiagudas y sus muros almenados e imponentes; por el otro, las ruinas de una pequeña ermita se levantan al pie de una eminencia sembrada de tomillos y romeros en flor. Allí, sentado al pie de la cruz, y teniendo en las manos un libro que casi nunca leo, y que muchas veces dejo olvidado en las gradas de piedra, estoy una o dos y a veces hasta cuatro horas aguardando el periódico. De cuando en cuando veo atravesar a lo lejos una de esas figuras aisladas que se colocan en un paisaje para hacer sentir mejor la soledad del sitio. Otras veces, exaltada la imaginación, creo distinguir confusamente, sobre el fondo oscuro del follaje, a los monjes blancos que van y vienen silenciosos alrededor de su abadía, o a una muchacha de la aldea que pasa por ventura al pie de la cruz con un manojo de flores en el halda, se arrodilla un momento y deja un lirio azul sobre los peldaños. Luego, un suspiro que se confunde con el rumor de las hojas; después…, ¡qué sé yo!…, escenas sueltas de no sé qué historia que yo he oído o que inventaré algún día; personajes fantásticos, que, unos tras otros; van pasando ante mi vista, y de los cuales cada uno me dice una palabra o me sugiere una idea: ideas y palabras que más tarde germinarán en mi cerebro y acaso den fruto en el porvenir.

Gustavo Adolfo Bécquer. Cartas desde mi celda.


“Entonces, ¿qué diferencia hay entre tú, el sabio, y yo, el necio, si ambos queremos poseer?”.

“Entonces, ¿qué diferencia hay entre tú, el sabio, y yo, el necio, si ambos queremos poseer?”. Muchísima: pues las riquezas en casa del sabio están al servicio, en casa del necio, al mando; el sabio nada permite a las riquezas, a vosotros las riquezas, todo; vosotros, como si alguien os hubiera garantizado su posesión de por vida, os habituáis y apegáis a ellas, el sabio medita sobre la pobreza precisamente cuando está rodeado de riquezas. Nunca un general se fía tanto de la paz que no se prepare para una guerra que, aunque no se emprenda, está declarada; a vosotros una hermosa casa, como si no pudiera arder ni derrumbarse, os vuelve presuntuosos, a vosotros los caudales, como si se zafaran de cualquier peligro y a vuestros ojos fueran demasiado grandes para que la suerte tuviera fuerzas suficientes para agotarlos, os dejan estupefactos. Jugáis ociosos con las riquezas y no prevéis su peligro, tal como las más de las veces los bárbaros asediados y ajenos a las máquinas de guerra contemplan con pasividad el trabajo de los sitiadores y no entienden a qué viene aquello que a lo lejos están montando. Lo mismo os ocurre a vosotros: languidecéis entre vuestras pertenencias y no pensáis cuántos desastres las amenazan por todas partes, dispuestos a llevarse inmediatamente unos valiosos despojos. Quienquiera que arrebate las riquezas de un sabio le dejará todos sus bienes; pues vive contento con los presentes, indiferente respecto a lo por venir.

Lucio Anneo Séneca, el Joven
Diálogos: Sobre la vida feliz


Un poema de Emily Dickinson

254
«La esperanza» es esa cosa con plumas
que se posa en el alma
y canta una canción sin letra
y nunca, nunca se calla.
Y más dulce suena en el temporal,
y fuerte debe ser la tormenta
que pueda acallar al pajarillo
que a tantos consuela.
Lo he oído en las tierras más frías
y en los más exóticos mares,
aunque jamás me pidió una migaja,
ni en las mayores adversidades.

Emily Dickinson
El viento comenzó a mecer la hierba

Traducción: Enrique Goicolea

La bondad hace buena letra

Tribuna: SPLEEN DE MADRID
Sobre: Ángel García López
“Hace poco me ha escrito. Su letra clara de hombre desconcertantemente bueno (la bondad hace buena letra: así vienen de confusos los anónimos). «Paco, me han operado de un pulmón, he estado muy malo. Tengo aquí unos libros suyos, quiero que me los firmes. ¿Tendrás un rato libre para mí?» La prisa, que no es sino una forma acelerada de la avilantez, me ha impedido incluso contestarle. Pero qué nostalgia, en mi vida de prisa, de esos amigos poetas y enfermos que viven despacio contabilizando la luz de los sanatorios y acentuando la rosa y el heptasílabo donde se debe. Qué nostalgia, Ángel.”

Francisco Umbral. 2 MAR 1979

Algunos versos de Ángel García López

“Andar este camino / es vivir la trasmuerte”.
“¿Dónde, en estos ribazos / de vida interminable, se ha quedado la vida?”, “¿Dónde estás, qué te esconde / de ti?”

Recetas que algunas personas pasaron a mí madre. (Tarta de Santiago)

¾ Kg de almendras, 9 yemas de huevo y 2 claras y 1 vasito de agua. Se hace el almíbar y se retira. Se echan las almendras y se cuece. Se echan las yemas y las claras.

Siguiendo la hilera de los chopos

Era ayer cuando, tú, estabas junto a la roca, un lugar a la derecha de la carretera cuando ibas hacia las afueras siguiendo la hilera de los chopos; falda breve, vestido de pobreza que no tiene para cambiar guardarropía de temporada (cualquiera que), falda limpia, inmaculada (tú, sí) como la blusa que apenas insinúa lo que el hambre no llena; sin embargo, lo que veía era cerca, lejos, dentro, y obediencia ciega, y sumisión, y los milagros de convertir el tocino rancio con garbanzos, henchidos de sabor y grasas, amables al paladar y al hambre, en un manjar. Era ella, sueño de todos los dioses, inalcanzable como el suave viento en una tarde de verano. Tú, doncella sacrificial, más limpia que tu falda y tu blusa, más limpia que tu alma limpia. Tú misma, madre tierra y llama.
Isabel.
El cura de pueblo, ignorante y malévolo, entre hileras de chopos, paseaba, paseaba y pasaba. (MMV. Recuerdos vanos, 2017)

Otros me llaman simplemente imbécil.

 Unos dicen que soy un hombre sabio y me llamaban rabí o raboni, que en su lengua significa «maestro». Otros me llaman simplemente imbécil.
—¿Y tú? —le pregunté—, ¿qué piensas?
—Yo —dijo Jesús— pienso que eres un hombre justo.
—En esto te equivocas. Yo no creo en la justicia. La justicia es un concepto platónico. No sé si me entiendes: una idea, nada más. Por otra parte, aunque no oculto mi inclinación por la filosofía, sólo soy un estudioso de las leyes de la Naturaleza, lo que Aristóteles denomina con propiedad un fisiólogo. Y si algo he aprendido es esto: que la Naturaleza no es justa ni la justicia es parte del orden natural. En el orden natural, al que pertenecemos todos, el animal más fuerte se come al más débil. Por ejemplo, un león, si tiene hambre, se come un ciervo o un avestruz, y nadie se lo reprocha. Luego, al envejecer, el león pierde sus fuerzas y los ciervos o las avestruces se lo podrían comer si quisieran. De este modo restablecerían la justicia, pero ¿acaso lo hacen?
—No —dijo Jesús—, porque son herbívoros.
—Pues ahí lo tienes. No hay justicia en el orden natural. Ni en el sobrenatural. También los dioses se comen los unos a los otros. No con frecuencia, bien es verdad. Que yo sepa, sólo Saturno se come o se comió a sus hijos. Pero ya ves que ni siquiera los dioses se libran de la desigualdad. Claro que vosotros no creéis en los dioses. Pero lo del león vale igual para creyentes y no creyentes. ¿Lo has entendido?
—No, raboni.
—No importa. Ya lo entenderás. Y no me llames raboni.

De Eduardo Mendoza en “El asombroso viaje de Pomponio Flato”



Nunca fuera caballero de damas tan bien servido

(Nunca fuera caballero / de damas tan bien servido, / como fuera Lanzarote / cuando de Bretaña vino". Con un claro tono sarcástico, la frase que componen los dos primeros versos figura en boca de Sancho, de Montesinos en la cueva y, sobre todo, la pronuncia Don Quijote en la venta, cuando va a ser armado caballero. El argumento de esta versión contiene la petición que hace la dama (la reina Ginebra) para que Lanzarote realice una difícil empresa. ELFIDIO ALONSO)


Nunca fuera caballero de damas tan bien servido
como fuera Lanzarote cuando de Bretaña vino:




doncellas curaban d’él y dueñas de su rocino,
esa dueña Quintañona, ésa le escanciaba el vino,

la linda reina Ginebra se lo acostaba consigo.
Estando al mejor sabor, que sueño no había dormido,







la reina toda turbada movido le ha un partido:
—Lanzarote, Lanzarote, si antes fuérades venido







no dijera el Orgulloso las palabras que había dicho:
que mataría al rey Artús y aun a todos sus sobrinos

y a pesar de vos, señor, él dormiría conmigo.—
Lanzarote que lo oyó gran pesar ha recebido,

lleno de muy gran enojo sus armas había pedido;
armóse de todas ellas, de la reina se ha partido,


va a buscar al Orgulloso, hallólo bajo de un pino.
Combátense de las lanzas, a las hachas han venido;

de la sangre que les corre todo el campo está teñido.
Ya desmaya el Orgulloso, ya cae en tierra tendido,

cortado le ha la cabeza sin hacer ningún partido.
Tornóse para la reina de quien fue bien recebido.






 



                
















TXIRLORAS de san José para el Día del Padre

Es un postre típico de Vizcaya que se pre­paraba con ocasión del Día del Padre. La pa­labra en euskera txirlora significa «viruta de madera». Es la forma que se da a la pasta, evocando la profesión de José, el carpintero.
50 g de mantequilla, 150 g de azúcar glas, 100 mí de leche, 210 g de harina, 150 g de claras de huevo y 1 cucharadita de extracto de vainilla.
Derretir la mantequilla y dejar enfriar. Aña­dir el azúcar glas y mezclar. Añadir la leche a temperatura ambiente (saborizada con el ex­tracto de vainilla), la harina (tamizada) y batir con las varillas hasta lograr una crema homo­génea. Añadir las claras sin montar y mezclar. Obtendremos una crema más bien líquida.
Con una manga pastelera con boquilla lisa y no muy ancha, hacer tiras sobre un papel de horno colocado en la bandeja. Espolvorear al­mendra en granillo sobre cada tira y hornear (precalentado a 200° C) 7 minutos a 180° C.
Sacamos del horno y damos forma a las txirloras. Hay que trabajar con rapidez, pues, si se enfría, la masa se rompe. Enrollar la tira de masa en un palillo de madera (no muy an­cho) y dejar en una bandeja para que terminen de enfriarse y cojan la forma. Son muy típicas las bañadas en chocolate negro de cobertura.

Para que sea maestro de otros mirlos

Calló el paje para sonarse con un gran pañuelo amarillo, de los que dicen de dos hierbas, y tengo para mí que más que sonarse lo que hizo fue enjugar dos lágrimas. Y con voz velada por la emoción, prosiguió:
—Me pasaba los días en el puente y en las orillas del río, descuidando el chocolate de mi amo, y me olvidaba de sacarle brillo a las hebillas de plata, poner a refrescar el vino, engrasar la escopeta, y todas mis obligaciones quedaban para mañana. ¡Y Anglor no volvió el San Juan de hogaño! ¡Quizás Anglor no vuelva nunca! Y por temor de que tan triste cosa suceda, ¡no volver a verla!, peregrino a Compostela, y de camino me distraigo enseñándole a este mirlo una tonada dolorida que compuse en Sahagún, en la posada aquélla, y cuando el mirlo la tenga bien sabida lo soltaré, para que sea maestro de otros mirlos y todos ellos la canten, parleruelos. Y así sabrá todo el mundo cómo ama y amará siempre a Anglor, la princesa del río, el paje François, más conocido por Pichegru en la antigua ciudad de Aviñón en Provenza, la del hermoso puente.

"Merlín y familia" de Álvaro Cunqueiro

El madrileño barrio de Argüelles hace 100 años

En el libro “Los Baroja”, Julio Caro Baroja recuerda el Barrio de Argüelles de hace cien años:

“La parte del barrio de Argüelles más próxima a la plaza de España era, allá entre 1920 y 1925, una barriada con su personalidad propia, en la que las familias se conocían o, por lo menos, sabían quiénes eran. Las calles estaban formadas en gran parte por hotelitos, hechos ya en la segunda mitad del siglo XIX, propiedad de aristócratas no siempre adinerados y de burgueses de cierta posición. A la puerta de las mansiones más aristocráticas solían verse viejos porteros de librea, con patillas como las que llevaba don Tomás Luceño el sainetero, y a veces también, mayordomos asturianos y montañeses, altos, gruesos, bien cuidados, terribles donjuanes para el gremio de las doncellas, cocineras y niñeras. Estas casas disponían también de cocheros y lacayos y yo tengo una clara sensación de las noches de fines de primavera y comienzos de verano, cuando los coches volvían calle de Mendizábal arriba, y se oía el pisar de los caballos sobre el pavimento de piedra.
Por las mañanas y atardeceres llegaban las grandes carretas tiradas por bueyes con los carros de jara para los hornos de las panaderías y la circulación de automóviles era aún limitada: los ruidos callejeros distintos a los de hoy. Al pasar por mi calle, sobre todo al mediodía, podía oír perfectamente al loro del conde de Torrepalma repetir una y otra vez su frase favorita: «¡Ana, dame café!». O dar las cinco primeras notas de la Marcha Real. Podía oír también los gritos de la perdiz del zapatero Manini y durante los primeros días del verano, el canto de los grillos en los patios. Entonces los pueblos entraban en Madrid; ahora es Madrid el que entra en los pueblos de alrededor. Los mismos chismes del barrio eran un poco pueblerinos.
Se sabía en la vecindad que la duquesa que vivía junto a nuestra casa andaba muy mal de dinero; que, en cambio, la marquesa de más abajo lo tenía en abundancia y que el conde de enfrente estaba dominado por su mujer. Se podía seguir, día por día, el proceso de los amores de unos novios que se hablaban por señas, ella desde un tercer piso, él desde la acera, y teníamos noticia de las pasiones de una viuda muy castiza, de buen ver, pero ya cuarentona, que algunas noches de verano salía con su mantón, dispuesta a disfrutar de las verbenas, en compañía de un mocito pinturero. Y digo que «teníamos» noticia porque yo me enteraba de todo esto oyendo a las muchachas de casa que lo comentaban entre ellas, o acaso alguna vez con mis padres: delante de mi abuela tales comentarios no eran comunes, porque su moral rigorista le prohibía hacer comentarios concretos acerca de vidas ajenas. Siempre había sido así, pero con la vejez la tendencia puritana se le exageró y hubo de privarse de las pocas distracciones que le habían atraído. Una de ellas había sido el teatro dramático.”


Palabras de Alfio (usurero profesional)

Y Horacio escribió:

"Feliz aquel que de negocios alejado, cual los mortales de los viejos tiempos, trabaja los paternos campos con sus bueyes de toda usura libre. A él no lo despierta, como al soldado, la trompeta fiera ni teme al mar airado; y evita el Foro y las puertas altivas de los ciudadanos poderosos.
Y así, o bien casa los altos chopos con los crecidos sarmientos de las vides, o bien, en un valle recoleto, contempla las errantes manadas de mugientes reses; y cortando con la podadera las ramas que no sirven, otras más fértiles injerta; o exprime mieles que guarda en limpias ánforas, o esquila a las débiles ovejas. Y cuando el otoño asoma por los campos su cabeza, de dulces frutas ataviada, ¡cómo goza recogiendo las peras que ha injertado y uvas que rivalizan con la púrpura, para ofrecértelas a ti, Príapo, y a ti, padre Silvano, que guardas los linderos!
Ora le place tenderse bajo una añosa encina, ora sobre el césped bien tupido. Entretanto, las aguas corren por riberas hondas, se quejan las aves en los bosques, y suenan las fuentes al manar sus linfas, invitando a entregarse a dulces sueños. Mas cuando la invernal estación de Júpiter tonante apresta las lluvias y las nieves, o bien a los fieros jabalíes acosa de aquí y de allá, con muchos perros, hacia las redes que les cortan la escapada, o con la percha pulida tiende ralas mallas para engañar a los voraces tordos; y caza con el lazo la tímida liebre y la emigrante grulla, trofeos placenteros. ¿Quién no se olvida, en medio de todo esto, de las malas cuitas que provoca Roma?
Y si una mujer honesta arrima el hombro en la casa y con los dulces hijos —una como son las sabinas o la esposa del ápulo ligero, quemada por los soles—; si ella amontona viejos leños en el hogar sagrado a la llegada del cansado esposo, y encerrando el lozano rebaño entre trenzados zarzos, vacía las hinchadas ubres; y tras verter del dulce jarro vinos nuevos, prepara una comida no comprada, entonces no han de placerme más las ostras del Lucrino, ni el rodaballo o los escaros, si es que alguno hacia este mar desvía el temporal que truena en las olas del Oriente. Ni el ave africana ni el jonio francolín bajarán más gratos a mi panza que la oliva elegida de las ramas más pingües de los árboles, o la hierba de la acedera, amante de los prados, o las malvas saludables para el cuerpo enfermo, o la cordera sacrificada en las fiestas Terminales, o el cabrito arrebatado al lobo.
Entre estos festines, ¡cómo agrada ver a las ovejas corriendo a casa ya pacidas, ver a los cansados bueyes arrastrando el arado vuelto sobre el cuello lánguido; y a los siervos nacidos en la casa, enjambre de una finca acaudalada, sentados en torno a los lares relucientes!."
Una vez que dijo todo esto, el usurero Alfio, que estaba a punto, a punto de hacerse campesino, reembolsó todos su cuartos el día de las idus,… y ya busca dónde colocarlos en las calendas.


Cinco greguerías de Ramón Gómez de la Serna


·        Camoens y Cervantes son como dos compañeros de asilo, el uno tuerto y el otro manco.
·        El grillo mide las pulsaciones de la noche.
·        Los lagos son los charcos que quedaron del Diluvio.
·        La herencia es un regalo por el que hay que dar mucha propina.
·        Donde es más feliz el agua es en los cangilones de la noria.


Cinco greguerías de Ramón Gómez de la Serna

II (... donde no hay vino, agua fresca ...)

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Antonio Machado “SOLEDADES” (1899-1903)


Los tres quitasoles del obispo de París

Abiertos los bultos, que venían muy hechos y con siete cuerdas, aparecieron tres grandes paraguas, el uno blanco, el otro amarillo y el otro carmesí, y a cada uno lo fue besando don Merlín en el puño, que era de ébano el del blanco, de plata el del amarillo, y el carmesí de oro.
—Son muy hermosos quitasoles —dijo mi amo—, y quizá no los tiene tan aparentes el Papa de Roma. Lo que vuestro obispo me pide es fácil, y lo voy a hacer en un tris. El quitasol blanco, como sabéis, se llama de «Sal-el-Sol», y en abriéndolo el día de Nuestra Señora de Agosto, aunque llueva, queda una mañana soleada para la procesión. El amarillo, que se llama «Mirabilia», es un quitasol muy secreto, y sólo se usa en Pentecostés, y cuando está a su sombra vuestro obispo, habla y entiende todas las lenguas, y puede confesarse bajo él un mudo, que vuestro obispo lo escucha. Y el carmesí, éste sirve para viajar en la noche, y el que va debajo de él, abriéndolo en la noche cerrada, ve como si fuese de día. Mejor que quitasol se debía de decir quitatinieblas, y tiene por nombre «Lucero». Ya otra vez a éste, cuando era propiedad de don Lanzarote del Lago, le arreglé dos varillas que se le soltaron, y al primer arreglo no salió con sus virtudes, y en vez de verse como de día, no se veía nada, ni las luces encendidas en la noche. Toda la ciencia de estos quitasoles y del quitatinieblas está en las varillas.
Y mientras yo servía a los visitantes algo de vino y jamón, como si fuera paragüero de Orense trabajó mi amo en los paraguas, y en un amén los dio por arreglados, que, según él, sólo tenían una varilla floja y otra salteada. Los abrió y cerró, diciendo no sé qué letanías, y sonrió y le dijo al de la perrera con mucha autoridad:
—Mosiú Castel, dile a tu obispo que no le cobro nada por el arreglo, pero que el día de Pentecostés próximo, abriendo el quitasol amarillo, no deje de poner por apunte la lengua maga, especialmente en lo que toca al nombre de los metales y las esencias preciosas, que quiero terminar de leer un libro «de ocultis» que aquí guardo, y en el que está toda la tertulia de los caldeos. Y dile también que no gaste la virtud del «Lucero» en cachear tesoros en las cuevas y ruinas, que el quitatinieblas no fue hecho para eso, sino para seguir en la noche, por el camino de Emaús, las huellas de Jesús, Nuestro Señor.

Álvaro Cunqueiro “Merlín y familia”

Refranero popular para febrero


Los febreros y los abriles, los más viles.
La nieve de enero es de bronce, la de febrero de madera y la de marzo de agua.
Febrero, frío o templado, pásalo arropado. 
Agua de febrero llena el granero.
Por San Blas (3 de febrero) tus ajos sembrarás.
Mal año espero si en febrero anda en mangas de camisa el jornalero.
En febrero un día malo y otro bueno.
Por San Blas (3 de febrero), el besugo atrás. 
Por San Matías (24 de febrero) se igualan las noches y los días.
En febrero corre el agua por cualquier reguero.
Cuando no llueve en febrero, no hay buen prado ni buen centeno.
Si hace un buen febrero, malo será el año entero.
El viento por San Matías (24 de febrero) reina cuarenta días.
En febrero un rato al sol y otro al romero. 
En febrero mes cebadero y cabrito en caldero.
Ten el invierno por pasado si ves a febrero empapado.
Por febrero florece el romero.
En febrero loco, ningún día se parece a otro.
Febrerillo el orate, cada día hace un disparate.
Siempre fue loco febrero, y más en bisiesto.
Refranes que no sean verdaderos y febreros que no sean locos, pocos.
Las heladas de febrero se pagan al día tercero, o en marzo venidero.
Nieve febrerina, en las patas se la lleva la gallina.
Nieve en febrero, hasta la siega el tempero.
Nieve antes de marzo, oro blanco.
Para Febrero, guarda leña en tu leñero.
Para el buen rato de febrero quiero mi leña.
Trueno en febrero, lluvia el día entero.
La siembra del guisante, de febrero en el menguante.
Sol de febrero, rara vez dura un día entero.
Si hace un buen febrero, malo será el año entero.
Si en febrero tienes calor, en Pascua buscarás el sol.
Febrero verano, ni paja ni grano.
En febrero transplantado sea el árbol delicado.
Árbol que podó febrero, tendrá fruto duradero.
En febrero sale el espárrago de su agujero.
Lluvia de febrero, el mejor estercolero.
Cuando no llueve en febrero, no hay buen prado ni buen centeno.
Lluvia de febrero, buen prado y mejor granero.
Si febrero viene de aguas, habrá pastos y habrá parvas.
En febrero busca obrero.
A comienzos de febrero, ten dispuesto ya el apero.
Quien en febrero no escarda, ¿a qué aguarda?
En febrero, la castaña y el besugo no tienen jugo.
Febrero va corriendo y los corderos naciendo.
En febrero nacen los mejores corderos.
Cochinillo de febrero, con su padre al humero.
Febrerillo el corto, con tus días veintiocho, menos loco serías si tuvieras menos días.
Febrerillo el corto, con tus días veintiocho, si tuvieras más cuatro, no quedara perro ni gato.

De aquello y de esto

10081981
Esta taza de vino de Ribeiro contiene agua, algo de sueño, un dulzor antañón, algo de miedo; pequeñas virtudes pequeñas, claridad enturbiada por un nublado sol y frías estrellas del cielo.
28012017
Ahora, sin límites, cuando solo la ceniza aventada llene su biografía, sea su biografía; una vida sin escritura, son conceptos.
La luz permite la escritura y el fuego hace el papel escrito, ceniza, cenizas y a la húmeda tinta, polvo.

Odín

Se refiere que a la corte de Olaf Tryggvason, que se había convertido a la nueva fe, llegó una noche un hombre viejo, envuelto en una capa oscura y con el ala del sombrero sobre los ojos. El rey le preguntó si sabía hacer algo, el forastero contestó que sabía tocar el harpa y contar cuentos. Tocó en el harpa aires antiguos, habló de Gudrun y de Gunnar y, finalmente, refirió el nacimiento de Odín. Dijo que tres parcas vinieron, que las dos primeras le prometieron grandes felicidades y que la tercera dijo, colérica: «El niño no vivirá más que la vela que está ardiendo a su lado». Entonces los padres apagaron la vela para que Odín no muriera. Olaf Tryggvason descreyó de la historia, el forastero repitió que era cierto, sacó la vela y la encendió. Mientras la miraban arder, el hombre dijo que era tarde y que tenía que irse. Cuando la vela se hubo consumido, lo buscaron. A unos pasos de la casa del rey, Odín había muerto.
Jorge Luis Borges y Delia Ingenieros.

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