Si fuera febrero y la hilera de almendros del sendero
hubiera florecido cubriendo de gloria sus ramas y el olor dulzón el aire que te
rodea te arropara sutilmente y tus oídos se llenaran del persistente zumbar de
abejas y tuvieras sueño, no podrías dormir aún bajo sus copas, el suelo estará
helado y la tierra dura pero si podrías llevar a casa el zurear de las palomas
y el trino de las amorosas avecillas (MMV)
Un rastro de palabras
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A los poetas les pasa como a los toreros: que se retiran, pero reaparecen.
Los aficionados se alegran. Más los lectores de Moreno (Alicante, 1964),
que co...
Hace 1 semana
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