Si fuera febrero y la hilera de almendros del sendero
hubiera florecido cubriendo de gloria sus ramas y el olor dulzón el aire que te
rodea te arropara sutilmente y tus oídos se llenaran del persistente zumbar de
abejas y tuvieras sueño, no podrías dormir aún bajo sus copas, el suelo estará
helado y la tierra dura pero si podrías llevar a casa el zurear de las palomas
y el trino de las amorosas avecillas (MMV)
Sofia
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Sin tilde, sí, la capital de Bulgaria. A ella dedicó este libro Juan
Eduardo Zúñiga, uno de los escritores españoles más secretos del siglo XX
y, sin em...
Hace 5 días