Un anciano japonés que vive en mi barrio dibujó un trazo con
su largo pincel entintado sobre un papel blanco, inmaculado. ¡Ven, acércate! ¿Qué
ves? ¡Un largo trazo sobre un papel blanco, inmaculado! ¡Mira bien! Ahora,
cierra los ojos y dime que ves: ¡Una garza que vuela sobre una colina cubierta
por flores de mil cerezos blancos, inmaculados! Un listo el japonés y su pincel,
el anciano japonés que vive en mi barrio y bebe, a todas horas, té.(MMV)
Un rastro de palabras
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A los poetas les pasa como a los toreros: que se retiran, pero reaparecen.
Los aficionados se alegran. Más los lectores de Moreno (Alicante, 1964),
que co...
Hace 1 semana
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