Ulises 3 y pico

 El perro de ellos amblaba por un banco de arena que se achicaba, trotando, husmeando por todas partes. Buscando algo perdido en una vida anterior. Repentinamente salió corriendo como una liebre saltarina, las orejas echadas atrás, persiguiendo la sombra de una gaviota en vuelo raso. El silbido agudo del hombre llegó a sus orejas lacias. Se volvió, regresó saltando, se acercó, trotó sobre sus patas resplandecientes. En un campo de gules un cheurón, pasante, al natural, descomado. En la blonda del agua se detuvo con patas delanteras tiesas, orejas apuntando al mar. El hocico alzado ladraba al ruido del mar, bandadas de morsas marinas. Serpenteaban hasta sus patas, rizándose, desenredando muchas crestas, cada nueve, rompiéndose, salpicando, desde lejos, desde aún más lejos, olas y olas.    
James Joyce

La cadena

Forjé un eslabón un día,
otro día forjé otro
y otro.
De pronto se me juntaron
-era la cadena- todos.
(Pedro Salinas)

El perfume

Qué extraño personaje dijo
que la primavera no tiene flores
de  jazmines tardíos en las noches
que no exhalan perfume
cuando tú has sabido siempre
que en la noche de las flores
el perfume embriaga
como a ti tu amiga amada.

Primera madrugada de abril


Esta mañana a las cuatro y media
Primero el llanto de un bebé
Después se hizo cargo el mirlo
De  endulzar el silencio con su trino
Antes que un gallo lejano animara
Con su estridente canto al ciudadano
Que arrastrando su maleta con ruedas
Traqueteaba camino de la estación
Antes que el primer tren pasara.
Cuando me desperté, horas después,
El viento aún movía las ramas del olmo.

El cocido madrileño

«Con medio kilo de vaca
y diez céntimos de hueso,
un cuarterón de tocino,
un buen chorizo extremeño
y garbanzos arrugados
que ensanchan en el puchero
sale en mi casa un cocido
que nos chupamos los dedos.
Cuando llega la matanza
se compra hocico de puerco
y echo un cuarto de gallina
si hay en casa algún enfermo.
Solemos tomar de sopa
arroz, sémola o fideos;
si es de pan, con hierbabuena:
los macarrones con queso.
Nunca en su tiempo perdono
los nabos foncarraleros,
las judías de La Granja
y los cardillos más tiernos.
Mi ensalada es de escarola,
de lechuga o de pimientos:
el gazpacho muy sencillo,
con poco pan y muy fresco.
Mis postres no son de lujo;
torrijas; miel, higos secos,
albillo dulce en otoño
y uvas de cuelga en invierno.
Con cebolletas y rábanos
mi mesa a veces refuerzo
y aceitunas de Pastrana
que yo mismo me aderezo.
En fin, me gustan, y acabo
el pan blanco recién hecho,
mantel limpio los domingos
y Valdepeñas del bueno.
Así comieron en casa
mis padres y mis abuelos;
como es sana la comida
todos morimos de viejos.
Cuando quiera usted probarla
a las doce la ponemos,
que a la española se come
el cocido madrileño.
Téngame usté, por un amigo,
Joaquín García Cornejo,
fábrica de mariposas
en la calle de Toledo».

Del “Cocido madrileño” De José Fernández Bremón poeta del siglo XIX

El Cule

[Una noche de éstas, el Brigante nos contó una cosa cómica.
—Antiguamente —dijo—, alrededor de España había dos mares, y estos dos mares querían juntarse, pero no podían, porque entre uno y otro se levantaban unas rocas muy altas. Entonces un hombre muy fuerte, a quien llamaban el Cule, empezó a trastazos con las rocas, y a martillazos las rompió y comunicó los dos mares.
—Pero, ¿dónde has leído eso? —le pregunté yo.
—Yo te traeré el librico.
Efectivamente, me lo trajo; y cuando vi que el Cule a quien se refería el Brigante era nada menos que Hércules, me dio una risa inextinguible; pero él, como era buena persona, no se incomodó.
—¡Pisaverde! Eres una sabandija que hay que aplastar con el tacón —me decía, mientras yo me moría de risa.]

Memorias de un hombre de acción (2) El escuadrón del Brigante de Pío Baroja

7.35, hora impresionista por Joseba Elola

Leído en El País de hoy:
Debían de ser las 7.35 de la mañana y el viento soplaba, débil, procedente del Este. Corría el 13 de noviembre de 1872, el día había amanecido brumoso en el puerto de El Havre. Claude Monet abrió la ventana de su habitación en el hotel de L’Amirauté, ubicado sobre el gran muelle de esta ciudad de la Alta Normandía, Francia. No queda del todo claro si se alojaba en el segundo o en el tercer piso porque, años más tarde, los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial se llevaron el hotel y la ciudad portuaria por delante; pero todo apunta a que estaba situado a unos once metros de altura sobre el nivel del mar en el momento en que se sentó frente al lienzo.
Ante su mirada, el puerto se despereza, las chimeneas echan humo, humo que se desplaza de izquierda a derecha, ergo, viento del Este. Una pequeña embarcación con dos pescadores a bordo cruza el puerto, y la llamada esclusa de los Transatlánticos está abierta; ergo, hay marea alta. Monet se apresta, sin saberlo, a pintar una obra que pasará a la historia.

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Los humanos no son los únicos que practican el contacto boca a boca, pero los besos con lengua e intercambio salivar sí son exclusivos de nuestra especie. Esta práctica, presente en la gran mayoría de las culturas, provoca, según un estudio, que las parejas compartan las bacterias de sus bocas. Hasta 80 millones de ellas viajan en un beso de 10 segundos.
El País

¡Pobre palomo del olivar!

El otro día el palomo
en la rama del olivo
del olivar
contaba estorninos
un par más otro par …
y uno sin emparejar.
Un gato y una paloma
juegan a un juego raro
y el palomo del olivar
o se hace estornino
o no tendrá par

Otoño en el olivar


Sobre los olivares de las afueras vuelan
bisbisean pajarillos sobre el olivar
ennegrecen los hilos, descansan,
aletean sobre los olivos del olivar
unas torcaces en el olivo cuentan,
rama de olivo del olivar,
doscientos veintiuno justos
¡ay! ¡pobre! uno sin compañía vuela
 ¡ay! ¡triste! uno desparejado está.

El gorrión

Tengo un pequeño problema, o grande, o ni siquiera es un problema, o si. Yo quería escribir o contar; él quería que yo escribiera o contara un sueño suyo… pero en realidad la historia es simple aunque a él le parece que es imposible que se pueda poner en palabras porque escrito es ridículo, pero las sensaciones, según sospecho, no. Él es un gorrión, un vulgar pardal, jovencito, de la última primavera. Con otros de su especie han convertido el estanque de la plaza de Europa, ¡si hombre!, ese que está en medio del medio de Gijón, en su centro de reunión, a la vez baño y abrevadero. Pues el Gorrión, este, se ha empeñado en soñar despierto todo el día. A veces se acerca al banco de los mendigos, como hay varios, para que te ubiques, el que está más cerca del estanque y comparte las migajas del bocadillo. En un momento se queda mirando, de lado, como miran todos estos bichos fijamente, bueno, me mira fijamente y entonces, hipnotizado o algo así empiezo a ver el mundo muy raro, en dos planos nítidos y simultáneos a derecha e izquierda; un mundo imposible, muy extraño… Me froto los ojos los abro y sigo viendo lo mismo… Los cierro y entonces, solo entonces:
“ la caña de la planta,
alabeada por mi peso,
cimbreo, cimbreo, sopla el viento
el estanque, los nenúfares
entre sus hojas, sobre sus hojas
me refocilo
el sol sobre la cabeza
la rana curiosa, mira”
Es lo que tienes que escribir, pienso con extrañeza, inmediatamente, dice.
Probablemente el chóped del bocadillo estaba en mal estado, sospecho.

(Imagen del relato: gorriones en el estanque que se menciona)

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