Las más divertidas historias del aguardiente

Sin esforzar la memoria puedo asegurar que mil veces fue de los nuestros más un tal Odiseo que un tal Aquiles. Éste tenía algunas partes blandas: Patroclo y un talón. Aquel… que yo sepa ninguna: ya le podían ofrecer a catar jovencillas mayores de edad (eso sí) que tal cual las probaba dos o trescientas veces siempre quería terminar la, en otrora, coyunda  recién comenzada  en Ítaca y abandonada por las prisas de una guerra. Penélope estaba buena, así lo afirmaban los parroquianos del bar “La Playa”, sin haber ninguno gastado la vista en contemplarla. Lo del telar, el tejer y destejer fue historieta del capellán de palacio un pobre niño de conventos (engendrado y colocado en el mismo lugar) devenido en propietario de todos los secretos de frailes, monjas y capellanes y, por alejarlo de si, colocado en el palacio del gerifalte Ulises en su ausencia. (Una historia digna de Telecinco) (seguiré)

Mis haikus en las fotos de flickr

De las montañas una piña caída; todo memoria. * Cayó agua sobre cristal y rocas; peces ocultos. * Con una concha un camino lechoso; el justiprecio. * Nunca sufrirán por roce de pétalos; las mariposas. * Andan la playa descalzas con paraguas; el mar sonríe. * Y de estrellas las simples equinaceas, buscan lejos. * El jardinero escuchaba susurros; mirando flores. * En los papiros el camino perdido; escribas gordos.

De caballeros y enamoramientos fulminantes



Estoy leyendo ‘La muerte del rey Arturo’ en la segunda edición que Carlos Alvar preparó para Alianza allá por 1981.
Galván, caballero de La Mesa Redonda declara su amor a una doncella: “Soy, le respondió, un caballero; me llamo Galván y soy sobrino del rey Arturo; os amaría con amor, si quisierais, de tal forma que, en tanto que durara mi amor y el vuestro, yo no amaría a otra doncella que a vos y, además, sería vuestro caballero, dispuesto a hacer toda vuestra voluntad”… Aquí las calabazas: “Señor, le responde, porque aunque me amaseis tanto que os estallara el corazón, no podríais llegar a mí de ninguna manera, pues amo a un caballero al que no faltaría por nada del mundo; y así os digo que aún soy doncella y que nunca amé hasta que le vi, pero a partir de ese momento le amé y le pedí que hiciera armas por mi amor en este torneo; él dijo que así lo haría” La muerte del rey Arturo. Edición y traducción Carlos Alvar. Alianza Tres.
Digo yo que la declaración de Galván bien podía sustituir a la de san Pablo cuando la boda es por lo civil y o notarial aunque el amor de Galván no parece que sea para siempre "en tanto que durara mi amor y el vuestro"... parece indicar que habría que llegar a las capitulaciones matrimoniales ya en cualquiera de los siglos anteriores al XII que es cuando está escrito... Lo otro es la dudosa existencia de tal Arturo y sus caballeros al igual que la del señor Quijano, Quesada o Quijada que en vacaciones se entretenía con un amigo en hacer turismo rural por la Mancha.

A un gato optimista


Era tan frecuente ver a los gatos encima de los tejados en los pueblos y a los perros sueltos por las calles, aquellos con gateras en las puertas de madera y estos otros muchas veces acostados delante de las puertas de las viviendas al sol, a la sombra o entre el sol y la sombra o bien en el zaguán cuando las dos hojas de la puerta estaban abiertas que al leer una dedicatoria de una novela antigua de intriga no sé que podría suponer un joven lector de pueblo que tenía que imaginar qué era una puerta giratoria. Transcribo la dedicatoria del libro “El enigma de la plaza de Washington” de Harry Stephen Keeler:
               
Este libro está dedicado a:

                        HI-DIDDLE-DIDDLE;

Mi pequeño gato siamés, que se rompió el espinazo en una puerta giratoria cuando sólo tenía cuatro meses, y no volvió a crecer. Pero, enano como es, y paralítico como está de sus patas traseras, corre más deprisa que yo, gatea mejor que yo, y, a juzgar por su constante ronroneo, que hiere los oídos, debe de ser mil veces más optimista y filósofo que yo creo con agrado que soy.
H.S.K.

A los gatos en los tejados no les quebraban, en el pueblo, el espinazo los perros que dormitaban en la calle entre el sol y la sombra y además no presencié ninguna caida a pesar de la cancioncilla escolar de "Estaba el Señor Don Gato".

Una habilidad del sacamuelas (no la menos importante)


Aún en los pueblos pequeños y con pocos habitantes siempre ha habido personas con una gran habilidad para contar los acontecimientos cotidianos de una manera amena, ordenada y precisa y ellas u otras, también, con una gran maestría para narrar historias ficticias o inventadas sobre la marcha; más o menos como la protagonista de Out of Africa demostraba en la película. Esto viene a cuento porque recuerdo que en el colegio, cuando niños, había algunos compañeros que tenían una especial destreza para hacernos vivir las historias de las películas que no habíamos visto y que ellos, por ser de capital de provincia, si. Puedo asegurar que eran unos ratos muy agradables aquellos en los que un grupo de seis o unos pocos más escuchábamos a aquellos narradores. La mitad del oficio de sacamuelas ya lo tenían dominado.

El guisante


Cuando, en la puerta del castillo, apareció la joven infanta acompañada por el hijo menor de la casa, al parecer desorientada, pidió por el castellano y por él fue atendida su petición de acogimiento y reposo. Aunque sus ropas y aderezos eran de calidad, la castellana, siempre celosa, quiso comprobar la veracidad de sus reales afirmaciones y decidió colocar un guisante entre el sexto y séptimo colchón del lecho de la infanta. La mañana siguiente en los buenos días se quejó la princesa de su dificultad para conciliar un poco de sueño por cierta dureza que la había mortificado durante la noche. Los castellanos dedujeron, sabiamente, que era la persona de la calidad que decía y nunca se percataron que los guisantes debajo de la cama, en lugares de Castilla, se usan para atraer la fertilidad y que su joven hijo también había sufrido toda la noche la incomodidad de tal guisante.

El álamo del patio del recreo

Un árbol, ese álamo
jamás pierde el tiempo
aunque lo cuente
inútil es el porfiar del ave en su canto
para rimar su lento movimiento
hacia la tierra
hacia el cielo
o su brioso cimbrear
mientras sujeta las hojas
que peina el viento
una horquilla de sus ramas
acuna el balón del recreo.

¿Por qué será que para muchos poetas mar es muerte?

¿Quién fue el primero que identificó el mar con la muerte? ¿Acaso no decían que el agua es la fuente de la vida, lo que la mantiene, sostiene y conforma? Sin embargo recuerdo, a bote pronto, las palabras de Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir;” Siglos después otro poeta, también identificaba el mar con la muerte. Antonio Machado en Campos de Castilla reza: “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.” Es lo que tiene la poesía que se puede utilizar a conveniencia del poeta, del lector o del oyente porque aquí Vicente Aleixandre en La Muerte recita: “Eres tú, sombra del mar poderoso, genial rencor verde donde todos los peces son como piedras por el aire, abatimiento o pesadumbre que amenazas mi vida como un amor que con la muerte acaba.” Y así podríamos seguir… pero hoy, no.

Los hermanos Machado

¿Cómo sintió Antonio? ¿Cómo sintió Manuel? Manuel fue el primogénito y tan poeta como su hermano. Su familia, durante su infancia, respetó los usos y las costumbres en las que el primero era el más mimado y el segundo preterido aunque también amado. Luego, juntos, vivieron y convivieron y murieron uno en una España y fuera; el otro en la otra, pero derrotado, también, y mal gastado. Malgastado.

La matanza

Que los belenistas son gente simpática y de bien nadie lo tiene que dudar y, además, deberán ser tenidos por personas veraces en todas las circunstancian que atañen a su pasión y gusto. El resto del tiempo de sus vidas son como todos los demás: bancarios, maestros, artesanos, mileuristas, autónomos e incluso políticos en paro o en activo... Como dignos sucesores de Francisco de Asís cuentan el Nacimiento de Cristo a su manera y recrean sus propios paisajes, sus oficios, sus aficiones… Esto viene a cuento a que, ayer, visitando uno de los nacimientos que han instalado en Madrid, en primer plano, se podía observar la matanza de un cerdo y no sé yo si hace dos mil años en Judea…

Una flor entre un millón

Vamos a ver, vamos a ver ¿qué hace una flor en el monte entre un millón iguales a ella si nadie, nadie (¿nada?) se percata de su existencia ni el insecto libador, ni la sombra de una nube, ni la doncella para su guirnalda, ni el poeta soñador que las cuenta siempre al alba, ni, ni, ni? Mira bien otra vez y te darás cuenta que guarda la gota de rocío y permitirá que resbale hacia la tierra para humedecer su leve raíz y un solo instante más permanecer viva sobre la amorosa tierra.

Destreza lectora

Muchos amantes del arte y otros cotillas varios se han fijado que la virgen María aparece en multitud de cuadros, sobre todo en el episodio de la Anunciación, con un libro. Supongo que Jesús leía y escribía aunque nadie comentó cuándo leyó salvo cuando preguntó por la inscripción de la moneda y una sola vez sabemos que escribió sobre la tierra o arena para curiosidad de los mirones y salvar la piel o la vida de la adúltera y además de aquellas preguntas a escribas y fariseos o al Tentador ¿No está escrito que…? 
María aparece en las obras de arte de los siglos XIII al XVI con un libro en la mano o en la estancia, en algunas también está hilando o tejiendo, esto sólo se refleja en el arte occidental ya que la Anunciación en la tradición oriental sucede junto al brocal de un pozo o junto a una fuente… (Esto último recuerdo haberlo visto en alguna estampa en mis años infantiles.) Parece ser que los artistas no entraban en si sabía, o no, leer y que el libro era un símbolo de la sabiduría que la Virgen atesoraba. Sería muy raro que el común de las mujeres de entonces estuviera en condiciones de adquirir tamaña destreza.

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