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Una historia del día antes de (2)

Si es cierto que en el anterior apunte sobre la mañana previa al día de la salida de Alonso le habían visto espantando moscas en la iglesia durante la primera y única misa que ese día oficiaría su amigo y confidente Pedro Pérez con quien tenía que hablar de un asunto que le causaba cierto desasosiego y que tenía que ver con su sobrina y una charla que esta había mantenido con el ama y que él había medio escuchado e interrumpido por presencia. 
La iglesia de Miguel Esteban que hoy podéis contemplar no es exactamente igual a la que acudiera aquella mañana el bueno de Alonso, el tiempo y los sucesivos curas de la localidad le han conferido el actual aspecto.
Sobre las cuatro mujeronas ya llegará en su momento el comentario, baste saber por ahora que una era la madre del bachiller Sansón. La semidoncella es la que ahora nos interesa traer a la luz. Era natural de la vecina localidad del Toboso, soltera con cuarenta años ya cumplidos y sin novio ni pretendiente conocido ni por conocer, rolliza, fuerte y valiente respondía al nombre de Aldonza y que era hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, esta ya fallecida, y aquel papando moscas en El Toboso por un aire que le dejó tundido. Lorenzo le había comprado unas viñas a Alonso cuando este, gran lector, hubo de venderlas para comprar unos libros de errantes que acababan de llegar a manos de sus libreros de Alcalá y Toledo. Había sucedido esto haría unos diez años cuando Aldonza acompañó a su padre en las gestiones para la adquisición de las citadas tierras y Alonso la vio por primera vez. Esa mañana había salido de El Toboso, antes de los gallos cantar, para resolver unos asuntos en Miguel Esteban con el licenciado Pedro Pérez y esperaba al final de la misa para ello. También Aldonza Lorenzo observó a Alonso haciendo aspavientos y no pensó en nada ya que le traía sin cuidado aunque sí estuvo distraída un rato mientras el cura terminaba con sus latines.

Una historia del día antes de (1)

Cuando uno tiene alma de aventurero es posible que todo lo que piense, proponga o realice pueda trastocarse en andanza, o correría, o peripecia, o episodio, o incidente, o lance, o en vicisitud, o avatar… Pongo como ejemplo al bueno de Alonso Quijano o Quesada el día antes de tomar la decisión que tomó… Aquella mañana había salido de su casa para ir a la iglesia a la prima misa ya que tenía que platicar con el cura de un asunto que le traía a mal traer desde hacía unos días. Desde su casa a la iglesia tenía que subir una cuestecilla discreta y al pasar por delante de la casa del labrador Panza se ofrecieron los buenos días sin más y uno se fue con el rucio a un su pegujal que tenía en las cercanías del lugar y el otro camino de la iglesia donde tenía su asiento reservado por herencia familiar cerca del altar a la mano derecha junto a la antesacristía. Aquel día no se sabe si por un aire primaveral traicionero, o por la frialdad de la pared norte, o por un rayo de sol que vino a dar en el casco de san Jorge en el altarcillo que enfrente de si veía, la cuestión es que se le trastocó el seso y comenzó a hacer aspavientos y gestos como de cazar moscas durante la misa, así lo comentaron las cuatro comadres y media doncella a la salida de la iglesia y así avisadas ya no les extrañó nada lo que de allí a poco le aconteció. El cura por decir la misa de espaldas al pueblo no se enteró de nada de esto. Mas o menos como a los políticos de este nuestro país.

Las más divertidas historias del aguardiente

Sin esforzar la memoria puedo asegurar que mil veces fue de los nuestros más un tal Odiseo que un tal Aquiles. Éste tenía algunas partes blandas: Patroclo y un talón. Aquel… que yo sepa ninguna: ya le podían ofrecer a catar jovencillas mayores de edad (eso sí) que tal cual las probaba dos o trescientas veces siempre quería terminar la, en otrora, coyunda  recién comenzada  en Ítaca y abandonada por las prisas de una guerra. Penélope estaba buena, así lo afirmaban los parroquianos del bar “La Playa”, sin haber ninguno gastado la vista en contemplarla. Lo del telar, el tejer y destejer fue historieta del capellán de palacio un pobre niño de conventos (engendrado y colocado en el mismo lugar) devenido en propietario de todos los secretos de frailes, monjas y capellanes y, por alejarlo de si, colocado en el palacio del gerifalte Ulises en su ausencia. (Una historia digna de Telecinco) (seguiré)

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