Cuando nos encontramos por azar los pajarillos, menos los gorriones y algún que otro mirlo sordo, y yo, huyen porque se ha
extendido la especie que cuando era niño, por casualidad y sin querer, maté un
avión, o golondrina, o estornino de una pedrada con el tirachinas. Yo creo que
cayó sobre el montón de trigo del susto de oír silbar el canto y que ni muerto
ni nada, pero rencoroso como era empezó a divulgar la especie por donde quiera
que haya aire y esta tarde en el parque dos pajarillos diminutos saltaban de rama en rama mientras que con sus
ojos de puro azabache me miraban con sorna mientras piaban. Ahora que no tengo tirapiedras o
tiragomas y si una máquina para hacer fotos que no asusta ni nada, los pájaros
me toman por un malvado avicida y mientras me provocan, se esconden. Desde
luego lo malo que es el rencor y la habladuría y sólo por un susto de nada hace
cincuenta años, dos más o menos.
Carta de Benicasim
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Hace unos meses se puso en contacto conmigo Jacinta Negueruela, profesora
jubilada del instituto Violant de Casalduch de Benicasim (en valenciano,
Benic...
Hace 17 horas
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