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Recuerdos de hace cincuenta años


Dado lo tiquismiquis que casi todo el personal del mundo es, es posible que lo que voy a contar pueda parecer extraño. Internos en un colegio, creo que el curso de bachillerato era tercero, un día a media mañana nos llevaron a la capilla y después de un extraño ritual nos nombraron caballeros como a don Quijote en la venta, pero en serio. Teníamos nuestra cruz mitad blanca, mitad negra; símbolo total de la caballeresca medieval y en lugar de darnos con la espada en el hombro nos entregaron un cíngulo de la castidad y un, de lo que ahora llaman, pin y que nosotros llamábamos insignia. Estaba bien pensado no sea que a las dulcineas del mundo les diera por enredar y en aquel momento no era el caso ni la cosa.

Confusiones, recuerdos y más confusiones



Hoy, dependiendo de la hora, he comenzado a escribir en mi memoria varios comentarios. Al despertar esta mañana incordiaban las palabras poyo, estrellas, sereno, sputnik, comentarios, verano, infancia, confusión, lugar…
Poyo: banco de piedra adosado a una pared colocado a la derecha, o a la izquierda, o a ambos lados de la fachada de una casa de pueblo; puede estar cubierto por una parra o no…
Estrellas: las que se veían en el cielo de mí pueblo en las noches serenas: una multitud de ellas, cercanas (rozando los aleros de las casas). Aunque teníamos un lucero, las luces en las calles eran pobres y escasas. Preguntaréis quién es lucero: una persona encargada de dar la luz al pueblo a partir de la aparición del primer lucero en el horizonte y que cortaba el suministro eléctrico a calles y casas cuando sólo brillaba el lucero de la mañana; persona a la que se paga para que entre en el transformador y enganche o desenganche la energía eléctrica a la distribución de los hogares y las calles de un pueblo; un vecino llamado Paco “el Lucero” que vivía dos casas más abajo y se le adjudicaba el sobrenombre por su oficio; trabajaban a su mismo ritmo sin tener que ver con él el cabrero y el porquero (recogían los animales que su oficio nombraba, puerta por puerta, por las mañanas y los llevaban a los campos y montes y los entregaban por las tardes cada uno en su domicilio).
Las campanas: por la mañana temprano llamaban a misa, a mediodía repicaban el Ángelus, por la tarde invitaban al Rosario… y terminaba el día con la Moza de Ánimas, que en los cruces de las calles y plazas solicitaba con el esquilón una oración por el alma de los difuntos justo al mismo tiempo que el lucero iba al transformador y el porquero y el cabrero entregaban a sus dueños los animales que volvían del pasto…
(Ahora entenderéis las dificultades de ayer y de hoy para escribir esto a vuela pluma)
CONTINUARÁ… (¡qué remedio!)

Por la carretera



En el prado, bajo los chopos dorados, picoteaban los mirlos; contemplaban la puesta de sol desde los alambres los estorninos; aquella, inusual pareja, paseaba la tarde por la desierta carretera.(MMV 9/13)

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