Dado lo tiquismiquis que casi todo el personal del mundo es,
es posible que lo que voy a contar pueda parecer extraño. Internos en un
colegio, creo que el curso de bachillerato era tercero, un día a media mañana
nos llevaron a la capilla y después de un extraño ritual nos nombraron
caballeros como a don Quijote en la venta, pero en serio. Teníamos nuestra cruz
mitad blanca, mitad negra; símbolo total de la caballeresca medieval y en lugar
de darnos con la espada en el hombro nos entregaron un cíngulo de la castidad y
un, de lo que ahora llaman, pin y que nosotros llamábamos insignia. Estaba bien
pensado no sea que a las dulcineas del mundo les diera por enredar y en aquel momento
no era el caso ni la cosa.
Un rastro de palabras
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A los poetas les pasa como a los toreros: que se retiran, pero reaparecen.
Los aficionados se alegran. Más los lectores de Moreno (Alicante, 1964),
que co...
Hace 1 semana
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