Dado lo tiquismiquis que casi todo el personal del mundo es,
es posible que lo que voy a contar pueda parecer extraño. Internos en un
colegio, creo que el curso de bachillerato era tercero, un día a media mañana
nos llevaron a la capilla y después de un extraño ritual nos nombraron
caballeros como a don Quijote en la venta, pero en serio. Teníamos nuestra cruz
mitad blanca, mitad negra; símbolo total de la caballeresca medieval y en lugar
de darnos con la espada en el hombro nos entregaron un cíngulo de la castidad y
un, de lo que ahora llaman, pin y que nosotros llamábamos insignia. Estaba bien
pensado no sea que a las dulcineas del mundo les diera por enredar y en aquel momento
no era el caso ni la cosa.
Sofia
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Sin tilde, sí, la capital de Bulgaria. A ella dedicó este libro Juan
Eduardo Zúñiga, uno de los escritores españoles más secretos del siglo XX
y, sin em...
Hace 5 días