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Abedul (5) - —Tan sin árboles como Portugal estaremos pronto —dice John Wyse—, o como Heligoland con su único árbol, si no se hace algo para repoblar los bosques del país.

—Tan sin árboles como Portugal estaremos pronto —dice John Wyse—, o como Heligoland con su único árbol, si no se hace algo para repoblar los bosques del país. Los alerces, los abetos, todos los árboles de la familia conífera están desapareciendo deprisa. Estaba leyendo yo un informe de Lord Castletown…
—Salvadlos —dice el Ciudadano—, el fresno gigante de Galway y el gran olmo de Kildare con cuarenta pies de circunferencia y un acre de follaje. Salvad los árboles de Irlanda para los futuros hombres de Irlanda en las bellas colinas de Eire, ¡oh!
—Europa tiene los ojos en vosotros —dice Lenehan.
El mundo elegante internacional asistió en masa esta tarde a la boda del caballero Jean Wyse de Neaulan, gran maestro jefe de los Guardabosques Nacionales de Irlanda, con la señorita Piña Conífera de Valdepinos. Lady Silvestra Sombradeolmo, la señora Bárbara Abedul, la señora Laura Fresno, la señorita Acebo Ojosdeavellana, la señorita Dafne Laurel, la señorita Dorotea del Rosal, la señora Clyde Doceárboles, la señora Roberta Verde, la señora Elena de la Parra, la señorita Virginia Enredadera, la señorita Gladys Haya, la señorita Oliva del Campo, la señorita Blanca Arce, la señora Maud Ébano, la señorita Myra del Mirto, la señorita Priscilla Saúco, la señorita Abeja Madreselva, la señorita Gracia Chopo, la señorita O’Mimosa San, la señorita Rachel Fuentecedro, las señoritas Lilian y Violeta Lila, la señorita Timidez del Tiemblo, la señorita Cati Musgo de la Fuente, la señorita May Espino, la señorita Gloriana Palma, la señorita Liana del Bosque, la señora Arabella Selvanegra y la señora Norma de la Encina, de Encinar del Rey, agraciaron la ceremonia con su presencia. La novia, acompañada del padrino, su padre el señor Conífero de las Bellotas, estaba encantadora en un modelo realizado en seda mercerizada verde, modelado sobre un viso gris crepúsculo, con una faja de ancha esmeralda y rematado con un falbalá triple de franjas más oscuras, todo el conjunto animado por breteles e inserciones en las caderas de bronce bellota. Las doncellas de honor, señorita Alerce Conífera y señorita Ciparisa Conífera, hermanas de la novia, llevaban elegantes trajes del mismo tono, con un delicado motivo de pluma rosa en los pliegues, caprichosamente repetido en las tocas verde jade en forma de plumas de avutarda de coral rosa pálido. El senhor Enrique Flor actuó en el órgano con su conocida maestría, y en adición a los números prescritos para la misa nupcial, ejecutó un nuevo e impresionante arreglo de Leñador, deja ese árbol a la conclusión de la ceremonia. Al abandonar la iglesia de San Fiacre in Horto, tras la bendición pontificia, la feliz pareja fue sometida a un juguetón fuego cruzado de avellanas, nueces de haya, hojas de laurel, amentos de sauce, bayas de hiedra, bayas de acebo, ramitas de muérdago y yemas de fresno. Los nuevos señores de Wyse Conífero Neaulan pasarán una tranquila luna de miel en la Selva Negra.
—Y nuestros ojos están en Europa —dice el Ciudadano—. Teníamos nuestro comercio con España y los franceses y los flamencos antes de que esos chuchos estuvieran destetados, cerveza española en Galway, las barcazas de vino en el canal oscuro como vino.
—Y volveremos a tenerlo —dice Joe.
—Y con la ayuda de la Santa Madre de Dios volveremos a tenerlo —dice el Ciudadano, palmeándose el muslo—. Nuestros puertos, que están vacíos, volverán a estar llenos, Queenstown, Kinsale, Galway, Blacksod Bay, Ventry en el reino de Kerry, Killybegs, el tercer puerto del mundo en amplitud, con una flota de mástiles de los Lynch de Galway y los O’Reilly de Cavan y los O’Kennedy de Dublín, cuando el conde de Desmond podía hacer un tratado con el mismo Emperador Carlos V. Y así volverá a ser —dice— cuando se vea el primer barco de guerra irlandés abriéndose paso por las olas con nuestra propia bandera enarbolada, nada de esas arpas de Enrique Tudor; no, la más antigua bandera que haya navegado, la bandera de la provincia de Desmond y Thomond, tres coronas en campo azul, los tres hijos de Milesio.
Y se engulló el último sorbo de la pinta, caray. Todo ventosidad y pis, como gato de tenería. Las vacas de Connacht tienen los cuernos largos. Por lo que valga su jodida pelleja, que baje a echarles todos esos elevados discursos a la multitud reunida en Shanagolden, donde no se atreve a enseñar la nariz, con los Molly Maguire que andan buscándole para dejarle hecho un colador por echar mano a la propiedad de un arrendatario desahuciado.
—Muy bien, muy bien por eso —dice John Wyse—. ¿Qué va a tomar?
—Una Guardia Imperial —dice Lenehan—, para celebrar la ocasión.
—Una media, Terry —dice John Wyse—, y un manosarriba. ¡Terry! ¿Estás dormido?
—Sí, señor —dice Terry—. Un whisky pequeño y una botella de Allsop. Muy bien, señor.

James Joyce
Ulises
Traducción: José María Valverde


La obra monumental de James Joyce. Ulises es el relato de un día en la vida de 3 personajes: Leopold Bloom, su mujer Molly y el joven Stephen Dedalus. Un viaje de un día, una Odisea inversa, en la que los temás tópicamente homéricos se invierten y subvierten a través de un grupo decididamente antiheroico cuya tragedia raya la comicidad. Relato paródico de la épica de la condición humana y de Dublín y sus buenas costumbres cuya estructura, desbordantemente vanguardista, avisa a cada rato de su dificultad y exige la máxima dedicación. Ulises es un libro altisonante, soez y erudito donde los haya que ofrece una literatura distinta, extraña, ocasinalmente molesta y sin duda excepcional.

Terry se acercó y le guiñó el ojo para que se estuviera tranquilo, que no querían esa clase de conversación en un local respetable con todas las licencias.

Terry se acercó y le guiñó el ojo para que se estuviera tranquilo, que no querían esa clase de conversación en un local respetable con todas las licencias. Y Bob Doran empieza a lloriquear por Paddy Dignam, tan verdad como que estás ahí.
—El hombre mejor que ha habido —dice, gimoteando—, el mejor carácter, el más puro.
Las jodidas lágrimas en el bolsillo. Diciendo majaderías. Más le valía irse a su casa con esa putilla callejera con que está casado, Mooney, la hija del ujier. La madre tenía una casa de putas en la calle Hardwicke donde andaba por el descansillo, que me lo contó Bantam Lyons que se había parado allí, a las dos de la mañana, como la parió su madre, enseñando su persona, entrada libre a todos, igualdad de oportunidades y no hay de qué.
—El más noble, el más leal —dice—. Y se ha ido, el pobrecillo Willy, el pobrecillo Paddy Dignam.
Y doliente y con el corazón oprimido lloraba la extinción de ese fulgor del cielo.
El viejo Garryowen empezó a gruñir otra vez a Bloom, que daba vueltas por la puerta.
—Entre, venga, que no le come —dice el Ciudadano.
Conque Bloom se escurre adentro con sus ojos de besugo en el perro y le pregunta a Terry si estaba Martin Cunningham.
—Ah, Cristo MacKeown —dice Joe, leyendo una de las cartas—. Oíd ésta, ¿queréis?
Y empieza a leer una en voz alta:
7, Hunter Street, Liverpool
Al Sheriff Jefe de Dublín, Dublín.
Respetable señor deseo ofrecer mis serbicios en el lamentable caso susodicho yo aorqué a Joe Gann en la cárcel de Bootle el 12 de febrero de 1900 y yo aorqué…
—Enséñanos, Joe —digo yo.
—… al soldado Arthur Chace por el asesinato con agrabantes de Jessie Tilsit en la cárcel de Pentonville y fui alludante cuando…
—¡Jesús! —digo yo.
—… Billington egecuto al terrible asesino Toad Smith…
El Ciudadano echó mano a la carta.
—Espere un poco —dice Joe—: tengo una abilidad especial para poner el lazo que cuando se mete ya no se puede escapar esperando ser favorecido quedo, respetable señor, mis onorarios es cinco guineas.
H. Rumbold
Maestro Barbero
—Y un bárbaro con esas barbaridades es también ese barbero —dice el Ciudadano.
—Y qué garrapateos más sucios hace el desgraciado —dice Joe—. Ea, quitamelos de la vista, al demonio, Alf. Hola, Bloom —dice—, ¿qué va a tomar?
Así que empezaron a discutir la cosa, Bloom diciendo que no quería y no podía y que le excusara sin tomarlo a mal y todo eso y luego dijo bueno que tomaría un cigarro. Coño, es un tío prudente, no cabe duda.
—Danos uno de esos malolientes de primera, Terry —dice Joe.
Y Alf nos estaba contando que había un tío que había mandado una tarjeta de luto con el borde negro alrededor.
—Son todos barberos —dice—, que vienen de esa región tiznada, y ahorcarían a su padre por cinco pavos al contado y gastos de viaje.
Y nos contaba que hay dos tíos esperando abajo para tirarle de los talones cuando le dejan caer y estrangularle como es debido y luego cortan la cuerda en pedazos y venden los pedazos a unos pocos chelines por cabeza.
En la tierra oscura residen, los vengativos caballeros de la navaja de afeitar. Su mortal rollo de cuerda agarran: oh sí, y con él conducen al Erebo a cualquier ser humano que haya cometido acción de sangre pues de ninguna guisa lo he de sufrir así dijo el Señor.

James Joyce
Ulises

La obra monumental de James Joyce. Ulises es el relato de un día en la vida de 3 personajes: Leopold Bloom, su mujer Molly y el joven Stephen Dedalus. Un viaje de un día, una Odisea inversa, en la que los temás tópicamente homéricos se invierten y subvierten a través de un grupo decididamente antiheroico cuya tragedia raya la comicidad. Relato paródico de la épica de la condición humana y de Dublín y sus buenas costumbres cuya estructura, desbordantemente vanguardista, avisa a cada rato de su dificultad y exige la máxima dedicación. Ulises es un libro altisonante, soez y erudito donde los haya que ofrece una literatura distinta, extraña, ocasinalmente molesta y sin duda excepcional.

17 de marzo. (El gran Gallaher)

EL GRAN GALLAHER
-Usted puede hacerlo, repitió Myles Crawford, apretando el puño para enfatizar. Espere un momento. Paralizaremos Europa como Ignatius Gallaher solía decir cuando andaba a la caza de un empleo, echando una mano en los billares en el Clarence. Gallaher, ése sí que era un periodista. Ésa era una pluma. ¿Sabe cómo consiguió su tanto? Se lo diré. Fue el mejor trabajo de periodismo que se ha visto jamás. Fue en el ocheintaiuno, el seis de mayo, en tiempos de los invencibles, el asesinato en el parque Phoenix, antes de que usted naciera, supongo. Se lo enseñaré.
Se abrió camino a empujones hasta las carpetas.
-Mire aquí, dijo volviéndose. El New York World telegrafió para conseguir una exclusiva. ¿Recuerdan aquellos tiempos?
El profesor MacHugh asintió.
-New York World, dijo el director, emocionadamente echándose hacia atrás el canotié. Donde tuvo lugar. Tim Kelly, o Kavanagh mejor dicho. Joe Brady y los demás. Donde el Pellejocabra llevó el coche. Toda la ruta ¿ven?
-El Pellejocabra, dijo Mr. O'Madden Burke. Fitzhams. Ese que tiene el albergue del cochero aquel, dicen, allá por el puente Butt. Holohan me lo dijo. ¿Conocen a Holohan?
-Cojo y me llevo una ¿no? dijo Myles Crawford.
-Y el pobre Gumley también anda por ahí, según me dijo, vigilando piedras para la corporación municipal. Guarda de noche.
Stephen se volvió sorprendido.
-¿Gumley? dijo. ¡No me diga! Amigo de mi padre ¿no es así?
-Olvídese de Gumley, exclamó Myles Crawford airadamente. Deje que Gumley vigile las piedras, que no se escapen. Mire aquí. ¿Qué hizo Ignatius Gallaher? Se lo diré. Inspiración del genio. Telegrafió de inmediato. ¿Tienen Freeman Semanal 17 de marzo? Bien. ¿Lo cogen?
Buscó hacia atrás en las carpetas y plantó el dedo en un punto.
-Tomemos la página cuatro, anuncio de café Bransome, digamos. ¿Lo cogen? Bien.
Ulises de James Joyce (Edición de Francisco García Tortosa)

Un nuevo Ulises

Gracias a Francisco García Tortosa el libro ‘Ulises’ de James Joyce, que acabo de comprar, es un nuevo ‘Ulises’ que nada tiene que ver con aquel otro editado por Rueda en un tomo y que anda escondido en algún lugar de la biblioteca y bastante más con el de Valverde, cuyos dos lomos estoy viendo ahora, que fue editado por Bruguera. Bueno está lo que trae una mejoría aunque sea tarde.

“Mi querido Myles, dijo echando el cigarrillo a un lado, usted ha interpretado mal mis palabras”

Pues va a ser eso.

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