Entróse Sancho por aquellas
quebradas de la sierra, dejando a los dos en una por
donde corría un pequeño y manso arroyo, a
quien hacían sombra agradable y fresca otras
peñas y algunos árboles que por allí
estaban. El calor, y el día que allí
llegaron, era de los del mes de agosto, que por
aquellas partes suele ser el ardor muy grande; la
hora, las tres de la tarde; todo lo cual hacía
al sitio más agradable, y que convidase a que en
él esperasen la vuelta de Sancho, como lo
hicieron.
Flores y Gañán en Beatriz Pereira
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Las dichosas circunstancias me habían impedido conocer la nueva galería de
arte que ha abierto en Plasencia Beatriz Pereira, en el número 11 de la
calle ...
Hace 6 días
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