Entróse Sancho por aquellas
quebradas de la sierra, dejando a los dos en una por
donde corría un pequeño y manso arroyo, a
quien hacían sombra agradable y fresca otras
peñas y algunos árboles que por allí
estaban. El calor, y el día que allí
llegaron, era de los del mes de agosto, que por
aquellas partes suele ser el ardor muy grande; la
hora, las tres de la tarde; todo lo cual hacía
al sitio más agradable, y que convidase a que en
él esperasen la vuelta de Sancho, como lo
hicieron.
Mirar para ver lo ausente
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Jaime Covarsí Carbonero, comisario de la exposición MIRAR PARA VER LO
AUSENTE, explica que ésta "invita al espectador a observar con una
perspectiva nuev...
Hace 2 semanas
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