Deberíais saber que es inútil intentar
tocar las narices al viento porque respira, al lodo porque mancha y al agua de
la fuente de aquel, entonces, mi pueblo porque lava, limpia y moja cuando con
apenas siete años eres el amo del mundo y nadie controla que tus sandalias
llenas de barro terminen chapoteando en el pilón de la fuente con tus pies
dentro, antes cubiertos por lodo, barro o plasta de vaca, boñiga de mulo y el alma
de los muchos gorriones que aquel día de primavera, casi verano, cayeron en los cepos: ¡una hecatombe de
pájaros menudos que fritos crujían entre los dientes carcomidos de los borrachos
del bar de Aquilino! ¡Señor, un asesinato de avecillas parvas en masa! Total: una
peseta más dos reales o lo que es lo mismo un cuento troquelado, un tebeo y dos
bolas de caramelo de anís. Cuando alguien en casa quiso poner algo de orden en
mi vida ¡salí corriendo! A la hora de cenar ya había pasado el furor justiciero
y en la mesa estaba la cena tan rica como siempre.
Jordi Doce lee "Territorio"
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Estas calles dan a la vida
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Hace 1 hora
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