La penúltima vez que estuve en
Madrid escuche y contemplé a una señora mayor que hablaba con un perro en la
calle de Alcalá en estos términos: “- ¡mira! tengo que hablar con un señor y te
prometo que cuando lo haya hecho vamos al Retiro”. El can atornillado en el
suelo sólo tenía ojos para la Puerta de Madrid del parque. Oí mientras me
alejaba a la señora insistir en la promesa. Es una pena que no esperara a ver
el desenlace pero yo también quería entrar en el Retiro. (MMV 9/13)
Sofia
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Sin tilde, sí, la capital de Bulgaria. A ella dedicó este libro Juan
Eduardo Zúñiga, uno de los escritores españoles más secretos del siglo XX
y, sin em...
Hace 5 días